domingo, 31 de enero de 2010

CIVILIZACIONES PRECOLOMBINAS: LOS MAYAS


CIVILIZACIONES PRECOLOMBINAS

Geografía y Política
Los “mayas”, habitan con actuales territorios
de Guatemala, Honduras, Belices, parte de
México. El Salvador y Nicaragua. Vivían en
ciudades independientes.
Cada una era gobernada por un jefe superior,
muy poderoso. Se trataban de ciudades
imponentes, con caminos, casas, templos y
palacios. Hechos con piedra, con mezcla de cal
y arena .
Esos lugares fueron habitados hace alrededor de: 1300 años atrás.
La mayoría del territorio que ocupaban los mayas era selvático, vivían en
zonas tropicales y escalonadas.
América central( flora):
· Densas florestas las comarcas de bajas alturas y sabanas en los lugares
donde llueve menos. En la zona de Pampa aparece la selva ecuatorial,
Exuberante y siempre verde.
· Bosque de sierras que trepan las laderas de la montaña.
· En las tierras frías de las praderas mas elevadas reaparece la
vegetación mas pobre de los desiertos fríos.
Ciudades importantes
Los mayas vivían en ciudades. Estos pequeños territorios tenían sus propios
gobiernos y funcionaban de manera independiente. Cada ciudad estaba
gobernada por reyes, que también estos eran sacerdotes, nunca se unificaron
bajo una sola autoridad, aunque a veces se aliaban cuando surgía algún
conflicto.
Sus principales ciudades se llamaron: Chichén Itza en la que había más de 4º
edificios grandes, Mazapán, Utsmal, Lavna y palenque. Los mayas también se
agrupaban en clanes, y estos en tribu gobernadas por un jefe hereditario. Las
tribus se confederaban en ligas.
Los mayas se destacaron por ser excelentes arquitectos. En general, las
ciudades mayas eran grandes centros ceremoniales y administrativos.
Alrededor de una plaza central se levantaba enormes templos construidos con
piedra y otros edificios en los que vivían los sacerdotes y los nobles.
Religión y sociedad
Los dioses eran:
Ah Mumun: dios del maíz. Se le representa como un joven que lleva una
mazorca de maíz.
Ah auKin: dios del sol. Se le representa como un viejo de ojos cuadrados.
MAYAS 1
1
CIVILIZACIONES PRECOLOMBINAS
Ah Muzenkab: dios de las abejas y la miel.
Bolon Dzacab: dios relacionado con los linajes reales.
Buluc Chabtan: dios de la guerra y de los sacrificios humanos.
Chac: dios de la lluvia. Se le representa como un anciano con un ojo de
reptil, una nariz larga enrollada y dos colmillos. Aparece con frecuencia en
la decoración, debido a la importancia de la lluvia para las cosechas.
Chac Bolay: dios jaguar del inframundo.
Ek Chuach: dios de los mercados. Se le suele representar, entre otras
cosas, con una bolsa a la espalda.
Itzamná: dios del cielo.
Ix Chel: diosa luna.
Ah Duch: dios de la muerte.
EL DIOS PACAL
«Dios Pacal» no era pues un habitante de otro planeta. Aparece sobre la
piedra, que pesa varias toneladas y que cubre el sepulcro, una Gran Cruz
hecha con cañas de maíz, y esto nos invita a la reflexión, entre los Mayas así
como los Nahuas, Zapotecas, Toltecas, etc.
El maíz es sagrado, simboliza a la semilla humana. La cruz hecha de
cañas de maíz, obviamente resulta tremendamente significativa, pues bien
sabemos nosotros, que la cruz es un instrumento de liberación no únicamente
de martirio.
Descendiendo las escalinatas que conducen al sepulcro del «Dios
Pacal» hay una Piedra Triangular que sellaba la entrada, ahora esa piedra está
colocada a un lado.
Esa piedra triangular representaría para el mundo cristiano: el Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo.
Obviamente sin esas tres fuerzas no puede haber ninguna creación,
cuando esas tres fuerzas fluyen en direcciones diferentes, no hay creación;
surge una nueva unidad cósmica dentro del espacio infinito, cuando esas tres
fuerzas coinciden en un punto dado se realiza una creación.
Lo mismo sucede con el Matrimonio Perfecto, el hombre es la fuerza
positiva, la mujer la fuerza negativa y la tercera fuerza, el Santo Conciliar,
concilia a los dos lados.
Las tres fuerzas unidas realizan una nueva creación y viene al mundo un
nuevo hijo, un nuevo vástago. Los Mayas comprendieron todo esto y que la
piedra que sella el sepulcro, que sella la entrada del «Dios Pacal» es triangular
resulta interesante.
Es tremenda la tumba del «Dios Pacal», lleva una Máscara de Jade que
ha sido reconstruida por el Museo de Antropología, esa máscara de jade nos
está indicando pues, que su rostro era tan perfecto que había que velarlo de los
profanos, un rostro de un hombre Dios. Se construyó pues todo un monumento
para enterrar a ese gran Avatara o Mensajero de los Mayas que se llamara
«Pacal».
MAYAS 2
2
CIVILIZACIONES PRECOLOMBINAS
«Pacal» fue un hombre que trabajó con el maíz, es decir, con la
simiente. Aparece también ahí un símbolo del planeta Marte, para indicarnos
que el «Dios Pacal» estaba relacionado en alguna forma con el planeta Marte,
mas no quiere decir esto que fuera habitante o un extraterrestre venido de
Marte, sino un hombre influenciado por la radiación marciana, un hombre de
carácter enérgico, un hombre fuerte, que supo enseñar a los Mayas su
doctrina.
EL JADE COMO USO ORNAMENTARIO
Tal vez sean los mayas los que utilizaron con más frecuencia el jade. Desde
el punto de vista ornamental, hicieron espléndidos collares, brazaletes,
orejeras, narigueras,diademas, tobilleras y bezotes.
Estos últimos se colocaban en una pequeña perforación lograda entre la
boca y el mentón.
EL JADE CON FINES UTILITARIOS
Los mayas y los olmecas llegaron a utilizar el jade en la manufactura de
herramientas como hachas y puntas de flecha
Las culturas maya, olmeca y zapoteca fueron las que utilizaron con más
frecuencia el jade con fines funerarios. Entre sus usos más extendidos están
las máscaras funerarias, tal vez porque, como ya mencionamos, el jade
representaba la vida eterna. Es famosa la máscara de jade que representa al
Dios Murciélago, y que fue encontrada en Monte Albán, lo mismo la máscara
de jade del Señor Pacal, en el Templo de las Inscripciones en Palenque. Más
recientemente, en Calakmul, Campeche, fue hallada una espléndida máscara
de jade en una tumba.
Técnica de Cultivo
El cultivo de planta consistía en la área que era México de día en curso,
Guatemala y Honduras y las regiones circundantes. Uno de los cultivos
principales era maíz.

la forma principal de producciones de cosecha es lo sabe como slash and
burn. Slash and burn toma una sección de selva o bosque y corta toda la
vegetación y lo quema. Las cenizas de los vegetations quemados proveen
bueno región de cosecha durante varios años. Después de que la tierra se
pone agotada la región es left crecer desde lo alto con la vegetación natural
otra vez y nueva región es limpiada y quemada. (16F) en este maíz de área,
calabaza, calabaza, jícaro, pimientos de chile, y aguacates también eran
creado por los naturales.

sábado, 30 de enero de 2010

Popol Vuh Creacion Maya

OLLANTAY ANÓNIMO

OLLANTAY
ANÓNIMO




PERSONAJES

PACHACÚTEC, Inca.
CUSI-CCOYLLUR [Estrella alegre], princesa, hija de Pachacútec.
TÚPAC-YUPANQUI, príncipe, hijo de Pachacútec.
OLLANTA, general de Anti-Suyu.
IMA SÚMAC [¡Qué bella!], hija de Cusi-Ccoyllur y Ollanta.
RUMI-ÑAHUI [Ojo de piedra], general de Anan-Suyu.
HUILLCA-UMA, sumo sacerdote.
ORCCO-HUARANCCA [Hombre de la montaña], general.
ANCCO-ALLU-AUQUI [El que es constante en el amor], príncipe anciano.
PIQUI-CHAQUI [Pie de pulga], criado de Ollanta.
CCOYA, esposa de Pachacútec y madre de Cusi-Ccoyllur.
MAMA-CCACCA [Mama roca], matrona de las vírgenes del Sol.
PITU-SALLA, nodriza de Ima Súmac.
UN INDIO CAÑARI.
UN INDIO.
UNA DOMÉSTICA.
Coro de niños.
Coro de niñas.
Séquitos, de Ollanta y Orcco-Huarancca.








La escena tiene lugar en Cuzco a fines del siglo XIV y principios del XV.

ACTO I

ESCENA I

Gran plaza en el Cuzco con el templo del Sol en el fondo. La escena tiene lugar ante el vestíbulo del templo. Vestidos característicos de la época incaica.

(Salen OLLANTA, con manto bordado de oro y la maza al hombro, y tras él, PIQUI-CHAQUI.)

OLLANTA.- ¿Has visto, Piqui-Chaqui, a Cusi Ccoyllur en su palacio?
PIQUI-CHAQUI.- No, que el Sol no permita que me acerque allá. ¿Cómo, no temes siendo hija del Inca?
OLLANTA.- Aunque eso sea, siempre he de amar a esta tierna paloma: a ella sola busca mi corazón.
PIQUI-CHAQUI.- ¡Creo que el demonio te ha hechizado! Estás delirando, pues hay mu-chas doncellas a quienes puedes amar, antes que llegues a viejo. El día que el Inca descubra tu pensamiento, te ha de cortar el cuello y también serás asado como carne.
OLLANTA.- ¡Hombre!, no me sirvas de estorbo. No me contradigas, porque en este mo-mento, te he de quitar la vida, destrozándote con mis propias manos.
PIQUI-CHAQUI.- ¡Veamos! Arrójame afuera como un can muerto, y ya no me dirás cada año, cada día, cada noche: «Piqui-Chaqui, busca a Cusi-Ccoyllur.»
OLLANTA.- Ya te digo, Piqui-Chaqui, que acometería a la misma muerte con su guadaña; aunque una montaña entera y todos mis enemigos se levantaran contra mí, combatiría con ellos hasta morir por abrazar a Ccoyllur.
PIQUI-CHAQUI.- ¿Y si el demonio saliera?
OLLANTA.- Aun a él hollaría con mis plantas.
PIQUI-CHAQUI.- Porque no veis ni la punta de sus narices, por eso habláis así.
OLLANTA.- En hora buena, Piqui-Chaqui, dime sin recelo: ¿Cusi-Ccoyllur, no es una bri-llante flor?
PIQUI-CHAQUI.- ¡Vaya! Estás loco por Cusi-Ccoyllur. No la he visto. Tal vez fue una que entre todas las sin mancilla salió ayer, al rayar la aurora, hermosa como la Luna y brillante como el Sol en su carrera.
OLLANTA.- Sin duda ella fue. He aquí que la conoces. ¡Qué hermosa! ¡Qué jovial! Anda en este instante y habla con ella, que siempre está de buen humor.
PIQUI-CHAQUI.- No desearía ir de día al palacio, porque en él no se conoce al que va con quipe.
OLLANTA.- ¿Cómo, no me has dicho que ya la conoces?
PIQUI-CHAQUI.- Eso he dicho por decir. Como las estrellas brillan de noche, por eso sólo de noche la conozco.
OLLANTA.- Sal de aquí, brujo, pues mi idolatrada Cusi-Ccoyllur deslumbra al mismo Sol con su hermosura. Ella no tiene rival.
PIQUI-CHAQUI.- Aguarda que ahora ha de salir un viejo o una vieja, que creo idóneos pa-ra llevar tus recados y hablar con ella; porque aunque soy un pobre huérfano, no quisiera que me llamaran rufián.

ESCENA II

HUILLCA-UMA, con una larga túnica negra y un cuchillo en la mano, observa el Sol.

HUILLCA-UMA.- ¡Sol vivo! Postrado delante de vos, adoro vuestra marcha. Para vos solo he separado cien llamas, que debo sacrificar en el día de vuestra fiesta. Derramaré su sangre en presencia de vos. Quemadas en el fuego arderán, después de hecho el ayuno.
OLLANTA.- He allí, Piqui-Chaqui, que viene el sabio Huillca-Uma: ese león anda acom-pañado del mal presagio. Aborrezco a este agorero que siempre que habla anuncia negros cuida-dos y vaticina el infortunio.
PIQUI-CHAQUI.- Calla; no hables, pues ya aquel agorero sabe mejor que tú lo que has di-cho. (Se sienta y duerme.)
OLLANTA.- Hablaré. Ya que me has visto, poderoso y noble Huillca-Uma, te adoro con profunda veneración. Para ti nada hay oculto; veamos que todo ha de ser así. (Se acerca a HUILLCA-UMA.)
HUILLCA-UMA.- Poderoso Ollanta, a tus plantas tienes rendida la comarca: tu valor te bastará para dominar todo.
OLLANTA.- Tiemblo al verte aquí; como también al presenciar estas cenizas frías, cimien-tos, adobes, vasos y cestos. Cuantos te ven admiran todo esto. Dime, ¿para qué sirven, si todavía no es la fiesta? ¿Está por ventura enfermo el Inca? Tú vaticinas sólo por medio de la sangre del tunqui rojo, y está muy lejos el día de sacrificar al Sol y a la Luna. Si aún comienza el mes, ¿por qué hemos de abandonar los goces?
HUILLCA-UMA.- ¿Para qué me interrogas increpándome? Todo sé; tú me lo recuerdas.
OLLANTA.- Mi cobarde corazón teme el verte en un día particular, para aprovecharme de tu venida, aun cuando me costase una enfermedad.
HUILLCA-UMA.- No temas Ollanta, viéndome aquí, porque sin duda alguna es porque te amo. Volaré donde quieras como la paja batida por el viento. Dime los pensamientos que se ani-dan en tu vil corazón. Hoy mismo te ofreceré la dicha o el veneno para que escojas entre la vida o la muerte.
OLLANTA.- Explícate con claridad, ya que has adivinado el secreto. Desata pronto esos hilos.
HUILLCA-UMA.- He aquí Ollanta, escucha lo que he descubierto en mi ciencia. Yo solo sé todo, aun lo más oculto. Tengo influjo para hacerte general: mas ahora como que te he criado desde niño debo, pues, ayudarte para que gobiernes Anti-Suyu. Todos te conocen y el Inca te ama hasta el extremo de dividir contigo el cetro. Entre todos te ha elegido, poniendo sus ojos en ti. Él aumentará tus fuerzas para que resistas las armas enemigas. Cualquiera cosa que haya, con tu pre-sencia ha de terminar. Respóndeme ahora, aun cuando tu corazón reviente de ira. ¿No estás deseando seducir a Cusi-Ccoyllur? Mira, no hagas eso; no cometa ese crimen tu corazón, aunque ella mucho te ame. No te conviene corresponder a tantos beneficios con tanta ingratitud, cayendo en el lodo. El Inca no permitirá eso, pues quiere demasiado a Cusi. Si le hablas, al punto estallará su enojo. ¿Qué, estás delirando por hacerte noble?
OLLANTA.- ¿Cómo sabes eso que mi corazón oculta? Su madre sola lo sabe. ¿Y cómo tú ahora me lo revelas?
HUILLCA-UMA.- Todo que ha pasado en los tiempos para mí está presente, como si estu-viera escrito. Aun lo que hayas ocultado más, para mí es claro.
OLLANTA.- Mi corazón me vaticina que yo mismo he sido la causa del veneno, que se-diento he bebido. ¿Me abandonarías en esta enfermedad?
HUILLCA-UMA.- ¡Cuántas veces bebemos en vasos de oro la muerte! Recuerda que todo nos sucede porque somos temerarios.
OLLANTA.- Más pronto un peñasco derramará agua y la tierra llorará, antes que yo aban-done mi amor.
HUILLCA-UMA.- Siembra en ese campo semilla, y ya verás que sin retirarte se multiplicará más y más, y excederá al campo; así también tu crimen crecerá hasta superarte.
OLLANTA.- De una vez te revelaré, Gran Padre, que he errado. Sabe ahora, sábelo, ya que me has sorprendido en esto solo. El lazo que me enreda es grande; estoy muy pronto para ahor-carme con él, aun cuando sea trenzado de oro. Este crimen sin igual será mi verdugo. Sí; Cusi Ccoyllur es mi esposa, estoy enlazado con ella: soy ya de su sangre y de su linaje como su madre lo sabe. Ayúdame a hablar a nuestro Inca: condúceme para que me de a Ccoyllur: la pediré con todas mis fuerzas: preséntame aunque se vuelva furioso, aunque me desprecie, no siendo de la sangre real. Que vea mi infancia, tal vez ella será defectuosa; que mire mis tropiezos y cuente mis pasos; que contemple mis armas que han humillado a mis plantas a millares de valientes.
HUILLCA-UMA.- ¡Oh noble Ollanta! Eso no más hables; tu lanzadera está rota; ese hilo es rompedizo; carda la lana e hila. ¿Quieres ir a hablar al Inca solo? Por más que te entristezcas, muy poco tendrás que decir. Piensa todavía que donde quiera que yo esté, siempre he de sofocar tus pensamientos.

(Sale.)


ESCENA III

OLLANTA.- ¡Oh Ollanta! Eres valiente, no temas; tú no conoces el miedo. Cusi Ccoyllur, tú eres quien me ha de proteger. Piqui-Chaqui, ¿donde estás?
PIQUI-CHAQUI.- Me había dormido como una piedra y he soñado mal agüero.
OLLANTA.- ¿Qué cosa?
PIQUI-CHAQUI.- En una llama amarrada.
OLLANTA.- Ciertamente; tú eres ella.
PIQUI-CHAQUI.- Sí, por eso me crece el pescuezo.
OLLANTA.- Vamos; llévame donde Cusi-Ccoyllur.
PIQUI-CHAQUI.- Todavía es de día.

(Salen.)

ESCENA IV

CUSI-CCOYLLUR, llorando, y su madre, CCOYA, se encuentran en el interior del Ac-lla-Huasi.

CCOYA.- ¿Desde cuándo estás tan mustia Cusi-Ccoyllur, imagen del Sol? ¿Desde cuándo te ha abandonado el gozo y la alegría? Profunda tristeza despedaza mi afligido corazón: deseo mejor la muerte que presenciar tanta desdicha. Dime: ¿has amado a Ollanta? ¿Eres su compañera? ¿Estás ya desposada con él? ¿Has elegido a ese inca por tu esposo? Descansa un poco.
CUSI-CCOYLLUR.- ¡Ay princesa! ¡Ay madre mía! ¿Cómo no he de llorar? ¿Cómo no he de gemir? Si mi amado, si mi protector que cuidó de mi niñez durante tantos días y tantas noches me olvida, castigándome con la más terrible indiferencia. ¡Ay, madre mía! ¡Ay princesa! ¡Ay, mi adorado amor! Desde el día que entré aquí, la Luna se vistió de luto; el Sol se oscureció como si estuviera cubierto de ceniza. Una nube tempestuosa vino a anunciar mi pesar, y aun la hermosa estrella del amor dejó de emitir sus fulgores. Todos los elementos han conspirado contra mí, y el Universo ya no existe. ¡Ay, madre mía! ¡Ay, princesa! ¡Ay, mi adorado amor!

ESCENA V

Entra el Inca PACHACÚTEC con su séquito.

CCOYA.- Límpiate el rostro; enjúgate los ojos. Mira a tu padre que sale.
PACHACÚTEC.- ¡Cusi-Ccoyllur! ¡Fruto de mi corazón! ¡Flor de todos mis hijos! ¡Bella red de mi pecho! ¡Relicario de mi cuello! Ven, paloma a mi pecho; descansa en mis brazos. Devana en mi presencia un ovillo de oro que está adentro. En ti tengo cifrada toda mi dicha: eres mi única felicidad: eres la niña de mis ojos. Aquí tienes en tu presencia las armas del Imperio, que con una mirada dominas. ¿Quién pudiera abrir tu pecho para descubrir tus pensamientos y fijar en él tu reposo? Eres para tu padre la única esperanza de su vida. Con tu presencia mi vida entera ha de ser un gozo eterno.
CUSI-CCOYLLUR.- ¡Oh padre! Postrada a tus pies te adoro mil veces. Favoréceme para que huyan mis angustias.
PACHACÚTEC.- ¡Tú, a mis pies! ¡Tú humillada! (Me espanta decirlo.) Mira que soy tu padre: yo te he criado con solícita ternura. ¿Por qué lloras?
CUSI-CCOYLLUR.- Ccoyllur llorará como el rocío que el Sol disipa con su presencia; así también ella disipará su incauto amor.
PACHACÚTEC.- Vengo amoroso, bella escogida; siéntate sobre mis rodillas.
UNA DOMÉSTICA.- Tus siervos vienen para consolarte.
PACHACÚTEC.- Di que entren.







ESCENA VI

Ocho pequeños niños se presentan danzando, con tamborcitos y panderetas en las ma-nos. Música en el interior.

CORO DE NIÑOS
Tuya, no comas
(Cantan.)
Tuyallay
el maíz de mi siclla;
Tuyallay,
no te acerques
Tuyallay,
a consumir la cosecha toda.
Tuyallay,
El maíz todavía está verde,
Tuyallay,
y sus granos están muy blancos;
Tuyallay,
sus hojas están muy duras,
Tuyallay,
aunque su interior esté muy tierno.
Tuyallay,
Pero el cebo ya está puesto,
Tuyallay,
y yo te apresaré bien pronto.
Tuyallay,
No te podrás escapar.
Tuyallay,
Mi mano ahogará
Tuyallay,
al pájaro volador
Tuyallay,
antes de que se haya apoderado
Tuyallay,
del cebo.
Tuyallay,
Aprende del piscaca:
Tuyallay,
mira, lo han matado;
Tuyallay,
pregunta dónde está su corazón,
Tuyallay,
busca sus plumas.
Tuyallay,
Lo ves muerto
Tuyallay,
por haber picado sólo un grano.
Tuyallay,
Y así le pasará
Tuyallay,
a todo el que se quiera perder.
Tuyallay.

PACHACÚTEC.- Alégrate, Cusi-Ccoyllur, con tus domésticos en el palacio de tu madre.
CCOYA.- Cantad con más dulzura, adoradas ninfas; vosotros que habéis cantado la desgra-cia, idos. Entrad vosotras.

(Vanse los niños y entran las niñas.)


CORO DE NIÑAS
Dos palomas amorosas
(Cantan.)
están tristes, se quejan, suspiran
y lloran.
Ambas fueron enterradas en la nieve:
un árbol sin hojas fue su tumba.
Una de ellas perdió a su compañera
y salió a buscarla.
La encontró en un pedregal
pero estaba muerta.
Y tristemente empezó a cantar:
«¡Mi paloma! ¿Dónde están tus ojos,
y dónde tu pecho amante?
¿Dónde tu virtuoso corazón
que yo tan tiernamente amaba?
¿Dónde, mi paloma, están tus labios dulces
que mis tristezas conocieron?
Sufriré mil desdichas
ahora que mi alegría ha terminado.»
Y la infeliz paloma
erraba de peña en peña.
Nada la consolaba
ni calmaba su dolor.
Cuando vino el alba
en el puro azul del cielo
vaciló y cayó.
Y al morir
exhaló un amoroso suspiro.

CUSI-CCOYLLUR.- Verdad dice este yaraví: basta decantar, pues ya mis ojos se convier-ten en torrentes de lágrimas.

(Vanse las niñas, CUSI-CCOYLLUR y CCOYA.)

Escena VII

Interior del palacio del Inca.

(PACHACÚTEC, OLLANTA y RUMI-ÑAHUI se sientan.)

PACHACÚTEC.- ¡Oh nobles!, digo que ya llega el buen tiempo para que todo el ejército salga con dirección a Colla-Suyu, pues ya Chayanta está listo para salir con nosotros. Que se pre-paren y afilen sus flechas.
OLLANTA.- ¡Oh Inca! ¿Cómo se han de sostener esos cobardes?, pues el Cuzco y sus montañas se levantarán contra ellos, como también ochenta mil soldados, que los esperan prontos al sonido del tambor y tañido de las bocinas. En cuanto a mí, tengo mi maccana afilada y escogi-da mi maza de armas.
PACHACÚTEC.- Aún no daré mis órdenes, para que algunos puedan ser persuadidos; por-que podría haber muchos que amen demasiado su sangre.
RUMI-ÑAHUI.- Al ordenar Chayanta que se reúnan todavía los más valientes, para obligar a los yuncas a que limpien los caminos y que se vistan de cuero, estoy convencido que con esto ha mostrado un corazón pusilánime, que disfraza su cobardía, no queriendo que se marche a pie antes que las salidas se hallen expeditas. Ya que están muchísimos prontos para cargar las llamas, partiremos al combate; pues nuestro ejército está listo.
PACHACÚTEC.- ¿Pensáis que salís acaso al encuentro de feroz serpiente, y que vais a le-vantar aquella nación? Los llamaréis primero con dulzura, sin derramar sangre, ni destruir a nadie.
OLLANTA.- Yo también he de marchar. Todo lo tengo preparado; pero mi corazón tiembla delirando en un pensamiento.
PACHACÚTEC.- Dímelo aun cuando pidas el regio cetro.
OLLANTA.- Escúchame solo.
PACHACÚTEC.- Valiente general de Anan-Suyu, descansa en tu palacio y regresa mañana cuando te llame.
RUMI-ÑAHUI.- Tu pensamiento es el mío: que se cumpla en el acto.

(Vase.)

ESCENA VIII

OLLANTA.- Bien sabes, poderoso Inca, que desde mi infancia te he acompañado, procu-rando siempre tu felicidad en la guerra. Mi valor te ha servido para que impongas tu poder a mi-llares de pueblos. Por ti he derramado siempre mi sudor: siempre he vivido en tu defensa: he sido sagaz para dominar y sojuzgarlo todo. He sido el terror de los pueblos, pues nunca he dejado de caer sobre ellos sino como una maza de bronce. ¿Dónde no se ha derramado a torrentes la sangre de tus enemigos? ¿A quién no ha impuesto el nombre de Ollanta? He humillado a tus pies a mi-llares de yuncas de la nación anti, para que sirvan en tu palacio. Venciendo a los chancas, he ani-quilado todo su poder. También he conquistado a Huanca-Huillca, poniéndolo bajo tus plantas. ¿Dónde Ollanta no ha sido el primero en combatir? Por mí, numerosos pueblos han aumentado tus dominios: ya sea empleando la persuasión, ya el rigor, ya derramando mi sangre, ya por fin exponiéndome a la muerte. Tú, padre mío, me has concedido esta maza de oro y este yelmo, sacándome de la condición de plebeyo. De ti es esta maccana de oro, tuyos serán mis proezas y cuanto mi valor alcance. Tú me has hecho esforzado general de los antis y me has encomendado el mando de cincuenta mil combatientes; de este modo toda la nación anti me obedece; en mérito de todo lo que te he servido, me acerco a ti como un siervo, humillándome a tus pies para que me asciendas algo más, ¡mira que soy tu siervo! He de estar siempre contigo, si me concedes a Ccoy-llur, pues marchando con esta luz, te adoraré como a mi soberano y te alabaré hasta mi muerte.
PACHACÚTEC.- ¡Ollanta! Eres plebeyo, quédate así. Recuerda quién has sido. Miras de-masiado alto.
OLLANTA.- Arrebátame de una vez la vida.
PACHACÚTEC.- Yo debo ver eso: tú no tienes que elegir. Respóndeme: ¿estás en tu jui-cio? ¡Sal de mi presencia!

(Vanse OLLANTA, compungido, y luego PACHACÚTEC.)

ESCENA IX

Lugar solitario de Cusi-Patal.

(Sale OLLANTA, conmovido.)

OLLANTA.- ¡Ah Ollanta! ¡Así eres correspondido! Tú que has sido el vencedor de tantas naciones; tú que tanto has servido. ¡Ay, Cusi-Ccoyllur! ¡Esposa mía! ¡Ahora te he perdido para siempre! ¡Ya no existes para mí! ¡Ay princesa! ¡Ay paloma!... ¡Ah Cuzco!, ¡hermoso pueblo! Desde hoy en adelante he de ser tu implacable enemigo: romperé tu pecho sin piedad; rasgaré en mil pedazos tu corazón; les daré de comer a los cóndores a ese Inca, a ese tirano. Alistaré mis antis a millares, les repartiré mis armas y me verás estallar como la tempestad sobre la cima de Sacsa-Huamán. ¡El fuego se levantará allí y dormirás en la sangre! Tú, Inca, estarás a mis pies, y verás entonces si tengo pocos yuncas y si alcanzo tu cuello. ¿Todavía me dirás: «no te doy a mi hija»? ¿Serás tan arrojado para hablarme? ¡Ya no he de ser tan insensato para pedírtela postrado a tus pies! Yo debo ser entonces el Inca, ya lo sabes todo; así ha de suceder muy pronto...
Escena X

Sale PIQUI-CHAQUI.

OLLANTA.- Ve, Piqui-Chaqui, y dile a Cusi Ccoyllur, que esta noche me aguarde.
PIQUI-CHAQUI.- Fui ayer por la tarde y encontré su palacio abandonado. Pregunté y na-die me dio razón de ella. Todas las puertas estaban cerradas. Nadie moraba allí y ni un solo perrito había.
OLLANTA.- ¿Y sus domésticos?
PIQUI-CHAQUI.- Hasta los ratones habían huido no hallando qué comer; sólo los búhos sentados allí dejaban oír su canto lúgubre...
OLLANTA.- Tal vez su padre se la ha llevado a esconderla en su palacio.
PIQUI-CHAQUI.- Quién sabe si la ha ahorcado y ha abandonado a la madre.
OLLANTA.- ¿Nadie ha preguntado ayer por mí?
PIQUI-CHAQUI.- Como cosa de mil hombres, te buscan para prenderte.
OLLANTA.- Sublevaré entonces toda mi provincia: mi diestra demolerá todo; mis pies y mis manos son mi maccana; mi maza arrasará sin dejar nada.
PIQUI-CHAQUI.- Sí, yo también he de pisotear a ese hombre y aun le he de quemar.
OLLANTA.- ¿Qué hombre es ése?
PIQUI-CHAQUI.- Digo que Orcco-Huarancca, el que ha preguntado por ti.
OLLANTA.- Tal vez se dice que el Inca me manda buscar, pensando que esté furioso.
PIQUI-CHAQUI.- Orcco-Huarancca; no el Inca: abomino a este hombrecillo.
OLLANTA.- Ella ha desaparecido del Cuzco; mi corazón me anuncia y el búho me lo avisa.
PIQUI-CHAQUI.- ¿Dejaremos a Ccoyllur?
OLLANTA.- ¿Cómo he de permitir que se pierda? ¡Ay Ccoyllur! ¡Ay paloma!
PIQUI-CHAQUI.- Escucha esta canción. ¿No hay quién la cante?

(Se oye música dentro.)

Perdí una paloma que yo amaba,
la perdí en un momento.
Búscala en todas partes,
en todos los lugares.
Como mi amor tiene una cara tan hermosa
la llaman Ccoyllur:
como es bella,
le va bien el nombre.
Como la luna en su esplendor,
cuando brilla
en lo más alto del cielo
es radiante su faz.
Sus trenzas caen
por su frente
tejiendo dos colores: blanco y negro.
Es una hermosa visión.
Sus cejas suaves
matizan su cara:
son como el arcoiris.
Sus ojos son como soles en su cara.
Sus penetrantes miradas
causan alegría o tristeza;
y aunque es amada y adorada
hiere mi corazón.
El achancaray florece en su mejilla
blanca como la nieve,
como aparece en el suelo
la nieve.
Se regocija el corazón
al ver su boca hermosa;
el eco de su deliciosa risa
difunde alegría.
Su grácil cuello es como el cristal,
o como la nieve sin mancha.
Sus pechos crecen
como el algodón en flor.
Sus dedos son como estalactitas de hielo:
mientras los miraba
y ella los movía,
me deleitaron.

OLLANTA
(Canta.)
¡Oh, Cusi-Ccoyllur!
Reconozco esa música
ya que describe su belleza;
el dolor que me trae
no me abandona.
Si te pierdo
me volveré loco.
Si te alejan de mí,
me moriré.

PIQUI-CHAQUI.- Tal vez han muerto a Ccoyllur; ya no brilla de noche.
OLLANTA.- Puede suceder que el Inca sepa que Ollanta está ausente, que todos le han abandonado y se han convertido en sus enemigos.
PIQUI-CHAQUI.- Todos te quieren porque eres liberal; con todo el mundo eres pródigo, pero conmigo mezquino.
OLLANTA.- ¿Para qué quieres?
PIQUI-CHAQUI.- ¿Para qué ha de ser? Para algo; como para regalar vestidos, para parecer caudaloso y también para imponer.
OLLANTA.- Sé valiente; con eso, te tendrán miedo.
PIQUI-CHAQUI.- No tengo cara para ello, porque siempre me estoy riendo; siempre soy muy ocioso. Sé bizco que yo no lo seré. ¿Qué pito viene sonando desde lejos?
OLLANTA.- ¡Tal vez me buscan! ¡Adelante!
PIQUI-CHAQUI.- ¡Ay!, me voy a cansar.






ACTO II

ESCENA I

PALACIO DEL INCA.

(Salen PACHACÚTEC y RUMI-ÑAHUI.)

PACHACÚTEC.- He mandado buscar a Ollanta. Ya no le encuentran. Mi furor me arrebata como un torrente. ¿Has visto a ese hombre?
RUMI-ÑAHUI.- Te ha temido.
PACHACÚTEC.- Marcha en su persecución.
RUMI-ÑAHUI.- ¿Dónde andará ya con tres días que está ausente de su casa? Alguien lo habrá guiado: por eso no aparece.

ESCENA II

Sale un INDIO CAÑARI con un quipu.
INDIO.- Aquí te traigo un quipu desde Urupampa. Me han mandado que venga muy de pri-sa. Ya te he visto.
PACHACÚTEC.- ¿Qué negocios son ésos?
INDIO.- El quipu te avisará.
PACHACÚTEC.- Desátale, Rumi-Ñahui.
RUMI-ÑAHUI.- (Descifra el quipu.) He aquí una varita que tiene atada la cabeza con una madeja de lana; se han rebelado tantos hombres como granos de maíz ves aquí suspendidos.
PACHACÚTEC.- Y tú ¿qué has visto?
INDIO.- Que toda la nación anti se ha sublevado con Ollanta. Me han asegurado que ya se ve su cabeza ceñida con la borla roja o encarnada.
RUMI-ÑAHUI.- Eso también dice el quipu.
PACHACÚTEC.- Antes que mi furor se calme, marcha valeroso, aunque tu ejército sucum-ba; pues no avanzarán mucho cincuenta mil hombres para levantar tu comarca. Parte pronto que el peligro amenaza.
RUMI-ÑAHUI.- Saldré muy de mañana; ya he ordenado que el ejército marche al Collao. Todo he de impedir, poniendo sitio al valle, para arrasar con esos traidores y traerlos vivos o muertos, sometiendo a ese hombrecillo; así no tengas cuidado.

Vanse.)

ESCENA III

Fortaleza de OLLANTA en la villa de Tambo.

(ORCCO-HUARANCCA y OLLANTA con sus séquitos vienen de lados opuestos.)

ORCCO-HUARANCCA.- La valiente nación de Anti-Suyu ya te recibe y hasta las mujeres te aclaman. Has de ver ahora cómo todos los nobles y el ejército marcharán a Anta; así debemos salir en retirada. Que no llegue aquel día en que cada año salgamos a aquellos remotos pueblos a derramar nuestra sangre, para cortar al Inca y a los suyos la provisión de víveres que han menester. Llevando poca coca todos los pueblos tendrán descanso. Es necesario buscar caminos arenosos y si las llamas se cansan, andaremos a pie; aunque sea entre espinas y zarzos. También necesitamos llevar agua; y, aunque sea aguardar la muerte.
OLLANTA.- ¡Capitanes! Escuchad las órdenes de Orcco-Huarancca que manda que des-canséis. Conservadlas en vuestra memoria, aun cuando se cubra de luto todo Anti-Suyu. Tengo bastante coraje para hacer saber al Inca que desista este año de acometer a Anti-Suyu. Entonces su ejército ha de sucumbir durante ese tiempo; ya sea por las enfermedades, ya sea por las fatigas, ya teniendo, en fin, sus campos incendiados en una marcha tan dilatada. ¡Cuánta gente habrá de perecer! ¡Cuántos nobles encontrarán una muerte segura en una empresa tan aventurada. Así se ha de portar Anti Suyu en presencia de su Inca. A decir no, volaré al momento para embarazar la salida. Descansad tranquilos en vuestros hogares, pues soy enemigo implacable.
TODOS.- ¡Que viva para siempre nuestro Inca! ¡Que tome la borla roja, para que le toque en suerte el hacernos felices! ¡Elevadle al trono! ¡Salve Inca! ¡Salve Inca!
ANCCO-ALLU-AUQUI.- Recibe en tus manos, Inca, la borla roja que la comarca te ofre-ce. ¡Cuán grande es Huilcanota! ¡Te proclama en toda su extensión! ¡Que venga ya aquel día en que Ollanta sea nuestro Inca!
OLLANTA.- Orcco-Huarancca, sé noble, para que gobiernes a Anti-Suyu. Aquí tienes este yelmo y estas flechas, para que seas también valiente.
TODOS.- ¡Que viva el valeroso Orcco-Huarancca! ¡Que viva!
OLLANTA.- Ancco-Allu, como eres el anciano más noble y más sabio, serás también ahora del linaje de Huillca-Uma. Ponme esas insignias para que pueda vencer a la misma muerte.
ANCCO-ALLU-AUQUI.- Te las pongo, para que debas recordar tu valor, para que domi-nes y te manifiestes siempre como hombre.
ORCCO-HUARANCCA.- ¡Mil veces venero, poderoso Inca, tus hechos!
ANCCO-ALLU-AUQUI.- Mira al varón esforzado, cubierto de armas desde la cabeza has-ta los pies; por eso ha de ser valiente; por eso los enemigos jamás han de ver su espalda, ni huirá como el montañés, ni será humillado como a la tierna grama.
ORCCO-HUARANCCA.- Escuchad ¡oh antis! ¡Escuchad lo que el Inca me amonesta! ¡Soldados, estad sobre las armas! Porque el viejo Inca ha mandado desde el Cuzco, a las comarcas del imperio, para que los nobles se preparen al combate. Ha ordenado también que todo el Cuzco marche con dirección a este valle, a nuestros hogares, para exterminarnos; así lo ha decretado. Sin perder tiempo, ordenad que extiendan sobre aquellos cerros las galgas que sean necesarias; y para que no se permanezca en el ocio, embarrad ligeramente el cuartel y dejad una sola puerta hacia las montañas. Levantaos en este momento, para moler todo el veneno que es menester para curar nuestras flechas e hiriendo con ellas, la muerte sea instantánea.
OLLANTA.- ¡Te he elegido, Orcco-Huarancca, el primero entre los nobles para disimular tu linaje; te he señalado para que estés en pie; pues nuestros enemigos no duermen! Les embarazarás la entrada y los pondrás en derrota. ¿Seremos cobardes?
ORCCO-HUARANCCA.- Ya están aquí treinta mil antis entre los cuales no se encuentra un cobarde, ni un inválido. El capitán Marutu saldrá con los antis de Huillca-Pampa, hasta las orillas de la confluencia del Qqueru, donde estará emboscado con su ejército hasta que se le avise. El noble Chara ocultará igualmente su gente en la ribera opuesta hasta mi llamada. Diez mil antis dormirán en los graneros de Chara, y tendremos en el valle de Pachar otras diez tribus. Aguardaremos que entren los cuzqueños sin tomar la iniciativa; cuando todos estén adentro, ce-rraremos la entrada y se verificará una inundación. Al sonido de las bocinas, los cerros lanzarán peñascos, las piedras caerán como granizo, las galgas rodarán sepultando todo lo que encuentren a su paso. Éste ha de ser su castigo. En cuanto a los fugitivos, los unos morirán en nuestra manos y los demás sucumbirán al veneno de nuestras flechas.
TODOS.- ¡Muy bien! ¡Muy bien!

(Vanse OLLANTA y ORCCO-HUARARICCA con sus séquitos por lados opuestos.)

ESCENA IV


Lugar en las montañas entre la fortaleza de OLLANTA y el palacio del Inca.

(RUMI-ÑAHUI sale como fugitivo.)

RUMI-ÑAHUI.- ¡Ah Rumi! ¡Ah Rumi! ¡Ah Rumi-Ñahui! ¡Qué infortunado eres! Has es-capado de un peñasco. Esto ha sido para mí una canción bien triste. ¿No estuvo en tus manos rechazar a Ollanta emboscado en aquel valle? ¿No has recordado que tiene un corazón insidioso para dominar todo?¿Por qué no has recurrido a estrategias para aniquilar su ejército? En él sólo he encontrado un hombre que de cobarde se haga valiente. Hoy he muerto a millares de hombres; sólo así he podido librarme de gemir en sus manos. Había pensado que ese hombrecillo sería un fanfarrón; por eso le busqué cara a cara y penetré en el valle, juzgando que con mi presencia huir-ía; y estando ya a la entrada de su campamento, principiaron a caer y rebotar por todas partes los peñascos, llevando consigo muchas galgas; ellas aplastan y sepultan todo mi ejército. Aquí y allí matan, la sangre corre, inunda y se extiende por todo el valle. Así ha sucedido, yo también estuve en medio de un hervidero de sangre. ¿Con quién me hubiera batido, si nadie salió, ni a nadie vi y los míos eran destrozados por las galgas? ¿Con qué cara he de r a presentarme al Inca? ¡Estoy perdido! ¿Adónde huiré? ¡Ahora mismo me ahorcaría con mi propia honda; pero ella, que sirva para cuando Ollanta caiga.

(Vase.)

ESCENA V

Patio interior del templo de las vírgenes.

(Salen la niña IMA-SÚMAC y PITU-SALLA.)

PITU-SALLA.- Ima-Súmac, no salgas demasiado a la puerta. No aguardes allí; porque las matronas se han de enfadar; no obstante de ser tu nombre Ima-Súmac muy querido, pues sólo al oírlo pronunciar se llenan de regocijo todas las escogidas. Cuando te encierres en aquel patio, mora allí en medio de los goces. Nadie sale jamás de aquí; por eso hallarás toda especie de co-modidades, ricos vestidos, oro y exquisitos manjares. Todas las escogidas de la sangre real te aman y llevan siempre en sus brazos. Todas las maestras, sin excepción, te acarician, ya besándote, ya mimándote. Tú eres la única a quien distinguen y en cuyo rostro se fijan. ¿Qué más quieres, tú que debías servir a las demás hermanas, que vivas en su sociedad? También debes notar que toda la nobleza te venera, como si fueras de la sangre de las escogidas, y se recrean contigo, como si vieran al Sol y te conservan como a su linaje.
IMA-SÚMAC.- Muchas veces eso no más, eso no más me dices. Pues yo ahora te diré la verdad. Abomino estos claustros, esta casa; maldigo todos los días mi existencia y mi inacción. Aborrezco la sañuda cara de las matronas, que es lo único que miro desde el rincón de mi morada. Aquí no hay felicidad, sólo lágrimas que llorar. Su voluntad sería que nadie habitara aquí; veo que ellas andan entre las risas y los goces, pues llevan en sus manos el colmo de la ventura. ¡Quién sabe si estoy clausurada porque no tengo madre! Buena nodriza, como no hay que servir, me iré a recoger; porque anoche estuve vagando por todas partes, hasta que por fin entré al jardín y escuché un instante que permanecí en él, los lamentos y gemidos de una voz que clamaba por la muerte. Miré a todas partes con los cabellos erizados; gritando de espanto, dije: «¿Quién eres que clamas a todos y angustiada dices: ¡Sol mío!, sácame de aquí?» Busqué en derredor mío, a nadie hallé: sólo la paja silbaba en el prado; con ella me puse a llorar. Mi corazón rasgado quería salirse de mi pecho; aún ahora que recuerdo, me lleno de espanto como si fuera a morir. ¡Aquí Pitu-Salla, el mismo dolor anida y el llanto florece eternamente! Mira, adorada nodriza, no me digas que permanezca aquí; porque abomino mi condición de escogida.
PITU-SALLA.- Entra, no sea que te vea alguna anciana.
IMA-SÚMAC.- ¿Esta morada es para mí?
(Vase.)

ESCENA VI

Sale MAMA-CCACCA vestida de blanco.
MAMA-CCACCA.- ¿Has comunicado mis órdenes a esa niña?
PITU-SALLA.- ¿Qué debo avisarle?
MAMA-CCACCA.- ¿Qué te he advertido?
PITU-SALLA.- Llora sin consuelo y rehúsa admitir el vestido del Aclla-Huasi.
MAMA-CCACCA.- ¿Cómo, no la has reprendido?
PITU-SALLA.- Le muestro la ropa, para que se despoje de la vieja que viste, recordándole que ya salió de la infancia y que no ha de ser escogida si la tristeza se apodera de ella, y que ha de permanecer en la condición de sierva. ¿Por qué ella recordará que es una hija sin padre y una criatura sin madre? He aquí un mal agüero.
MAMA-CCACCA.- Di su nombre, dilo; pues dentro de estas paredes todo queda sepultado como en la nieve, y hasta el nombre se olvida.
PITU-SALLA.- ¡Ay, Ima-Súmac! ¡Ay, Ima-Súmac! ¿Qué calabozo te ocultará solitaria? ¡He aquí una serpiente! ¡Ve acá un león!
(Vanse.)


ESCENA VII

Calle de Cuzco.

(Salen RUMI-ÑAHUI y PIQUI-CHAQUI de lados opuestos; el último como espía.)

RUMI-ÑAHUI.- ¿Cómo así, Piqui-Chaqui, has venido para acá? ¿Por ventura buscas la muerte, junto con el traidor Ollanta?
PIQUI-CHAQUI.- Como natural del Cuzco, he sido expulsado; me vuelvo sin demora a mi pueblo; porque no puedo habitar los valles.
RUMI-ÑAHUI.- Dime ¿qué hace Ollanta?
PIQUI-CHAQUI.- Ovilla un quipu.
RUMI-ÑAHUI.- ¿Qué ovillo es ése?
PIQUI-CHAQUI.- Regálame algo y te avisaré.
RUMI-ÑAHUI.- Sí, para golpearte un palo, y para ahorcarte tres.
PIQUI-CHAQUI.- Ollanta... Ollanta... Ollanta... Esto... nada más me acuerdo.
RUMI-ÑAHUI.- ¡Cuidado, Piqui!
PIQUI-CHAQUI.- Y Ollanta... levanta... Y Ollanta... construye una fortaleza de piedras co-losales... Ata dos hombres enanos para que salga un gigante. Dime, ¿por qué llevas esa ropa arrastrando como la gallina ingerida lleva sus alas? Mira que el barro mancha hasta lo negro.
RUMI-ÑAHUI.- ¿No ves al Cuzco, hecho un mar de lágrimas? Pachacútec está enterrado: todos están de luto en medio del plañido universal.
PIQUI-CHAQUI.- ¿Quién gobernará ahora después de Pachacútec?
RUMI-ÑAHUI.- Túpac-Yupanqui ocupará el trono; aunque el Inca ha dejado muchos hijos, a pesar de ser aquél el menor y haber todavía otro mayor. Todo el Cuzco le ha elegido; y el Inca le ha dejado el cetro y las armas. Así, no podemos elegir a otro.
PIQUI-CHAQUI.- Voy a traer mi cama.
(Vase.)


ESCENA VIII

Palacio del Inca.
(Sale TÚPAC-YUPANQUI con HUILLCA-UMA y su séquito.)

TÚPAC-YUPANQUI.- En este día ¡oh nobles!, recibid y venerad al Sol. Todas las vírgenes que existan, llenas de júbilo que se presenten en este campo para alegrar la comarca entera. Así, os recuerden que debéis orar con vuestro corazón.
HUILLCA-UMA.- Ayer se levantó el humo hasta la mansión del Sol, Pacha-Cámac está muy alegre: todo ha de ser ahora propicio; sólo una cosa ha inquietado al Inca y es que, después del sacrificio de las aves y de las llamas, como todos han visto, abrimos un águila para observar su pecho y augurar por medio de su corazón: ¡la encontramos vacía! Así, pues, debemos conquistar pronto a Anti-Suyu sublevado; pues vaticino que será sometido.
TÚPAC-YUPANQUI.- Aquel valiente Anti-Suyu, dejó en libertad a esa águila y ella ha si-do la perdición de tanta gente.
RUMI-ÑAHUI.- ¡Poderoso Inca! Tú sabes ya todo lo que ha acontecido y cuáles han sido mis yerros; no obstante de ser una piedra te obedezco y como piedra he destrozado todo. Salí con una piedra y con ella he peleado, aunque aquéllos dominaban la comarca. Sólo una cosa te pido, y es que me permitas partir a la fortaleza, pues te prometo sacarte victorioso.
TÚPAC-YUPANQUI.- He aquí lo que debes hacer, para que recobres tu fama: no abando-nes a Anti-Suyu; de este modo te he de probar.
HUILLCA-UMA.- Dentro de pocos días verás a Anti Suyu a tus pies; así lo he encontrado en los quipus. Vuela pronto, Rumi-Ñahui.
(Vase RUMI-ÑAHUI apresuradamente; luego salen todos.)

ESCENA IX

Campo cerca de la fortaleza de OLLANTA.
(Salen RUMI-ÑAHUI fugitivo, bañado en sangre y un INDIO CAÑARI.)

RUMI-ÑAHUI.- ¿No hay en esta comarca alguien que tenga compasión de mí?
INDIO.- ¿Quién eres hombre? Avísame: ¿quién te ha puesto en ese estado? ¿De dónde vie-nes tan cruelmente herido?
RUMI-ÑAHUI.- Ve a avisar a tu Inca, que su favorecido le llama.
INDIO.- ¿Cómo te llamas?
RUMI-ÑAHUI.- Todavía no te diré mi nombre.
INDIO.- Aguárdate allí.
(Vase.)

ESCENA X

Sale OLLANTA.

RUMI-ÑAHUI.- ¡Poderoso Inca! ¡Mil veces te adoro postrado a tus pies! Ten compasión de este desgraciado.
OLLANTA.- ¿Quién eres? ¿Adónde vas? ¿De dónde has caído? ¿Quién eres tan lastimosa-mente herido?
RUMI-ÑAHUI.- Me conoces demasiado, yo soy Rumi; por eso he caído a tus pies, ¡Inca, favoréceme!
OLLANTA.- ¿Eres tú, Rumi-Ñahui, el valiente de Anti-Suyu?
RUMI-ÑAHUI.- Soy ese Rumi, por eso he derramado sangre.
OLLANTA.- Levántate, aquí tienes mi mano. ¿Quién te ha puesto en este estado? ¿Quién te ha conducido a mi palacio, y a mi presencia? Que traigan ropa nueva para ti, pues yo te amo. ¿Por qué estás desamparado?
RUMI-ÑAHUI.- El nuevo monarca Túpac-Yupanqui, que ahora gobierna en el Cuzco es un tirano feroz. Vive en medio de regüeldos de sangre; degüella sin perdonar a nadie; sin saciar jamás su corazón, todo lo inmola en su delirio; y así corre el suncho rojo. Yo soy el valeroso de Anti-Suyu, como tal vez recuerdas. Conociendo esto, Túpac-Yupanqui me llamó a su territorio. En ése su depravado corazón piensa una cosa y manda otra... Mira que eres mi padre y mi madre; ¡aquí me tienes en tu palacio!
OLLANTA.- No te aflijas, Rumi; en este instante te voy a curar y a auxiliar. Tú también has de ser su cuchillo. En el día de sacrificar al Sol tendremos una gran fiesta en el cuartel real, y entonces debemos marchar para arriba.
RUMI-ÑAHUI.- Que la fiesta dure tres días aunque el regocijo sea limitado; pues para en-tonces he de estar aliviado. Te hablo con mi corazón.
OLLANTA.- Concedido; tres noches hemos de sacrificar al gran Sol, y estaremos todos en medio del júbilo, para lo cual se cerrará el cuartel real.
RUMI-ÑAHUI.- Que se avise también a los domésticos para que dispongan de la noche y además, deban llevar consigo a sus mujeres.


ACTO III

ESCENA I

Patio interior del templo de las vírgenes.

(IMA-SÚMAC y PITU-SALLA salen de lados opuestos.)

IMA-SÚMAC.- Querida Pitu-Salla, dime, ¿hasta cuándo me ocultas aquel secreto? Mira que me has partido el corazón, por no haberme avisado ayer, aunque con las lágrimas en mis ojos, lo que por desgracia mía deseo tal vez saber. ¿Quién está allá afligida? No me ocultes, paloma, quién es la que se lamenta y llora a cada instante dentro de aquel jardín. ¿Por qué se le prohíbe que me vea?
PITU-SALLA.- A nadie más que a ti, Ima-Súmac, he de descubrir lo que tú sola debes sa-ber; mas ocúltalo dentro de tu pecho como si fuera una roca; porque lo que vas a ver te ha de cau-sar un profundo dolor y has de llorar sin consuelo.
IMA-SÚMAC.- Aun cuando todo me reveles, a nadie he de avisar; nada me ocultes que yo sabré sepultarlo en el fondo de mi corazón.
PITU-SALLA.- Cuando todas las matronas estén dormidas, aguárdame cerca de una puerta de piedra que tiene aquel jardín.
(Vase.)

ESCENA II

PITU-SALLA vuelve con una bujía, una copa de agua y alimentos.

PITU-SALLA.- Ya es hora, levántate y tapa esta luz. (Vase con IMA-SÚMAC hacia la puerta de una caverna; ábrela.) He aquí la princesa a quien tu corazón busca. ¿Cesa ya de pal-pitar?
IMA-SÚMAC.- ¡Ay de mí! ¡Qué dolor! ¡Qué veo! ¿He buscado por ventura un cadáver? ¡Me espanto de miedo! ¿Has custodiado acaso un muerto? (Se desvanece.)
PITU-SALLA.- ¡Qué me pasa! ¡Ima-Súmac! ¡Palomita! ¡Vuelve en ti, en este instante!... ¡Doncellas! ¡Auxilio!... (IMA-SÚMAC revive.) No temas, hermana, no es muerto quien llora, es una princesa que en este lugar se lamenta.
IMA-SÚMAC.- ¿Vive todavía aquella mujer?
PITU-SALLA.- Acércate, auxíliame, mira que todavía vive. Alcánzame agua y aprieta bien la puerta. ¿Por qué no te alimentas hermosa princesa? Aquí tienes agua y comida; descansa un poco, que ahora regresaré.
IMA-SÚMAC.- ¿Quién eres hermosa paloma, que estás aquí prisionera?
PITU-SALLA.- Come algo todavía, no sea que te desmayes.
CUSI-CCOYLLUR.- Después de tantos años sin ver más que tu cara, me traes ese rostro nuevo, y me siento feliz.
IMA-SÚMAC.- ¡Ay princesa! ¡Bella escogida! ¡Hermoso pajarillo de oro! ¿En qué has pe-cado, corazón? ¿Por qué tan oprimida? ¿Por qué tan angustiada? ¿Deseas la muerte arrastrándote como un reptil?
CUSI-CCOYLLUR.- ¡Bella hija! ¡Fruto adorado! ¡Soy una mujer como la semilla del panti arrojada al campo. Me casé con uno a quien amé como a la niña de mis ojos, sin que el Inca su-piera; pero él se volvió ingrato conmigo. Ollanta, antes tan querido por el Inca, le expulsa, y des-pués enfurecido me mandó acá prisionera. Ya hace muchos años que vivo en este lugar; mira como estoy sin ver a nadie: en este calabozo no hay felicidad; ¡aguardo en él, diez veces la muer-te, atada entre cadenas de hierro y olvidada de todos!... Mas, ¿quién eres corazón, tan niña y tan tierna?
IMA-SÚMAC.- Siempre te he buscado, traspasada de dolor; y desde el instante que te sentí en esta casa, lloraba, y mi corazón saltaba dentro de mi pecho, pues no tengo padre ni madre; ni a nadie conozco por tal.
CUSI-CCOYLLUR.- ¿Qué edad tienes?
IMA-SÚMAC.- Acaso tengo muchos años que abomino esta casa, y a no vivir en ella los hubiera contado.
PITU-SALLA.- Como cosa de diez años, así calculo que tenga.
CUSI-CCOYLLUR.- ¿Cómo te llamas?
IMA-SÚMAC.- Me llamo Ima-Súmac, aunque tal vez no he correspondido a mi nombre.
CUSI-CCOYLLUR.- ¡Ay hija mía! ¡Ay palomita! ¡Acércate a mi pecho! ¡Tú eres mi única felicidad! ¡Hija mía! ¡Ven! ¡Ven! Mi regocijo es sin límites. Sí, yo te puse ese nombre.
IMA-SÚMAC.- ¡Ay madre mía, no me desampares! ¿Te habré conocido sólo para llorar? ¿Me dejarás en la orfandad? ¿En quién me refugiaré? ¿A quién volveré mis ojos? ¿Quién me ha de proteger? Alcánzame tu mano, auxíliame.
PITU-SALLA.- No grites, ¡no! Para mí será el tormento. Camina: ¡vámonos! Tal vez nos oigan las matronas.
IMA-SÚMAC.- Sufre un poco más en esta cárcel maldita. Quédate que yo te he de sacar de aquí. Pasa en ella algunos días. ¡Ay madre mía, me voy sin aliento y desearía un veneno para mi corazón!
(Vanse IMA-SÚMAC y PITU-SALLA; luego, retirase CUSI-CCOYLLUR.)







ESCENA III

Sala en el palacio del Inca.

(Salen TÚPAC-YUPANQUI y HUILLCA-UMA.)

TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Grande y noble Huillca-Uma! ¿Sabes algo de Rumi-Ñahui?
HUILLCA-UMA.- Salí ayer por la tarde hasta Huil-canota: encontré allí muchos prisione-ros, que eran todos de la nación anti, la cual se dice que ha sido vencida, sus campos talados y sus hogares incendiados.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Han tomado a Ollanta? ¿Tal vez si ese hombre se ha escapado?
HUILLCA-UMA.- Ya Ollanta ha sido vencido, destrozado y devorado por las llamas.
TÚPAC-YUPANQUI.- Nuestro padre el Sol nos ha favorecido, como que soy de su linaje. Sí, los hemos de rendir a nuestros pies; para eso estoy aquí.

ESCENA IV

Sale un INDIO CAÑARI.

INDIO.- Rumi-Ñahui me ha mandado muy de prisa con este quipu.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Ve qué dice!
HUILLCA-UMA.- (Descifra el quipu.) ¡En este quipu hay carbón, que indica que ya Ollanta ha sido quemado! Estos tres... cinco quipus atados dicen que Anti-Suyu ha sido sometido, y que se encuentra en manos del Inca; esos tres... cinco, que todo se ha hecho con rigor.
TÚPAC-YUPANQUI.- Y tú que has estado allí, ¿qué cosa has hecho?
INDIO.- ¡Poderoso Inca, hijo del Sol! Mira que soy el primero trayéndote la noticia de que has triunfado, subyugado y derramado la sangre de esos traidores.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Cómo! ¿no he amonestado con frecuencia que no se derrame la sangre de aquella gente, pues bien saben que la amo y compadezco?
INDIO.- ¡Padre mío! No; no se ha vertido la sangre de nuestros enemigos; que corra esta noche.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Qué has visto?
INDIO.- Yo estuve allí junto con todo mi ejército, durmiendo en la confluencia del Qqueru y escondido en Yanahuara. Como en este valle hay muchas selvas para celadas, permanecí oculto en una casa por espacio de tres días, con sus noches, soportando el hambre y las intemperies. Rumi-Ñahui vino a verme y me declaró todo su plan: que nosotros debíamos venir de noche, lue-go que él regresase a su puesto, pues se iba a celebrar en el cuartel real una gran fiesta, y, cuando todos estuviesen entregados a la embriaguez, podíamos cargar durante la noche con el ejército de los veteranos. Después de haberme descubierto su estrategia, se regresó y aguardamos aquella noche. Mientras tanto, Ollanta pasaba divirtiéndose en la celebración de la fiesta del Sol, junto con los suyos, y el ejército entregado a la beodez por espacio de tres días.
Nosotros les caímos a media noche, y nuestro ejército entró por sorpresa, sin que el enemigo lo percibiera y estalló sobre él como la tempestad. De esta manera fue al punto sobrecogido de espanto, y cuando volvió en sí, se encontró prisionero en nuestras manos. Rumi-Ñahui se hallaba todavía enfermo; aunque Orcco-Huarancca marchaba muy triste, sin embargo empuñaba con furia, la cadena. De este el Inca condujo a Ollanta, con su séquito; Ancco-Allu con sus mujeres y como cerca de diez mil antis prisioneros. Sus mujeres convertidas en un mar de lágrimas los seguían de cerca. Por esto, en verdad, has visto a Huilcanota entregada al llanto.

ESCENA V

RUMI-ÑAHUI sale victorioso, con la cabeza descubierta.

RUMI-ÑAHUI.- ¡Postrado a tus pies, poderoso Inca, te adoro mil veces! Escucha mis pala-bras, pues estoy bajo tu amparo.
TÚPAC-YUPANQUI.- Levántate; aquí tienes mi mano: regocíjate porque has salido bien en tu empresa; echaste tu red y has pescado.
RUMI-ÑAHUI.- Sí, ese traidor con sus piedras ha muerto muchos nobles y un sin número de plebeyos; mas yo Rumi he sido para él un peñasco; como Rumi he acabado con él y sus com-pañeros.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Se ha derramado mucha sangre?
RUMI-ÑAHUI.- No noble, no en verdad; he cumplido todo como me has mandado; así he tomado toda la nación anti prisionera; sus montañas están allanadas e incendiadas.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Dónde están esos enemigos?
RUMI-ÑAHUI.- Todos aguardan en el campo perecer con terrible castigo. Cada cual se apresura en buscar la muerte; pero es menester separar a las mujeres que están embarazadas, pues ellas bastan para la propagación de la especie.
TÚPAC-YUPANQUI.- Así ha de ser infaliblemente. Que todos los niños y mendigos sean destruidos sin excepción; aun cuando todo el Cuzco sucumba con ellos. Conduce a mi presencia a esos traidores.

ESCENA VI

Traen a OLLANTA, ANCCO-ALLU y ORCCO-HUARANCCA cargados de cadenas con los ojos vendados; con ellos salen PIQUI-CHAQUI y HUILLCA-UMA.

TÚPAC-YUPANQUI.- Quítales la venda. Dime: ¿dónde estás, Ollanta? ¿dónde, Orcco-Huarancca? Ahora sin remedio seréis ejecutados. ¿Quién te ha metido en esto?
PIQUI-CHAQUI.- Sabes que entre los yuncas hay muchos piques que producen úlceras graves, que se curan con agua caliente; por esto, quítame a mí también la vida.
TÚPAC-YUPANQUI.- Ancco-Allu, respóndeme: ¿por qué te has perdido con Ollanta? Desátale. ¿No es cierto que el Inca te ha venerado como a un padre; y no es cierto que en él has hallado cuanto has querido? Tu palabra ha imperado en su voluntad; cuanto has pedido se te ha concedido y aún más. ¿Había algo oculto para ti? ¡Hablad, traidores! ¡Respóndeme, Ollanta! ¡Responde, Orcco-Huarancca!
OLLANTA.- ¡Padre mío, nada me preguntes!; nuestro crimen rebosa por todas partes.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Veamos la muerte que deban recibir! Di tu parecer, Huillca-Uma.
HUILLCA-UMA.- ¡El Sol me ha concedido un corazón muy benigno!
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Rumi!, habla entonces.
RUMI-ÑAHUI.- Siendo esta grande traición, el castigo debe ser el último suplicio. El Inca enrostra muchos crímenes a esta gente; así, que se les ate de uno en uno, ahora mismo, a cuatro estacas para que todos sus siervos pasen por encima de estos traidores; y que su ejército sea tras-pasado a flechazos, en castigo de su rebeldía. De este modo se vengará con sangre la muerte de sus padres.
PIQUI-CHAQUI.- Así se ha de destruir la nación anti; que se haga también una hoguera pa-ra quemar su gente.
RUMI-ÑAHUI.- ¡Calla!, si no te he de lanzar una piedra, pues ahora tengo corazón de pie-dra.
TÚPAC-YUPANQUI.- Habéis oído que se ha mandado que muráis en la estaca. ¡Condúce-los acá! ¡Muerte a los traidores!
RUMI-ÑAHUI.- ¡Arrastrad a esos traidores al lugar donde deben ser escarmentados! ¡Esti-radlos! ¡Arrastrad, arrastradlos hechos pedazos!
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Pon en libertad a esos prisioneros! ¡Que se aparten de mi presen-cia! ¡Habéis contemplado de cerca la muerte! ¡Ahora huid como el ciervo en el bosque! Ya que estáis rendidos a mis plantas, mi corazón me dicta que sea generoso con vosotros y que os eleve; aunque sea un millón de veces más. Tú, que has sido el valeroso gobernador de Anti-Suyu, sabrás que es mi voluntad que le continúes mandando para que conserves siempre tu fama. Huillca-Uma, toma el yelmo y aquellas insignias y pónselas de nuevo a este desgraciado que se ha libertado de la muerte.
HUILLCA-UMA.- ¡Ollanta! Conoce desde hoy el poder de Túpac-Yupanqui; desde este instante aprende a obedecerle y amarle como a tu protector. Todo mi poder está en esas insignias, ahora te las ciño y sabrás que son las armas del Inca.
OLLANTA.- Con las lágrimas en mis ojos, protesto que te he de amar y que he de ser tu humilde siervo. ¿Quién será igual a ti? Humillado a tus pies desataré tu calzado y desde ahora estoy cierto que todo mi poder depende de tu palabra.
TÚPAC-YUPANQUI.- Ven acá Orcco-Huarancca. Ollanta te hizo general y te dio ese yel-mo, para que estuvieras contra mí; sin embargo mi furor se ha aplacado: tú quedarás gobernando Anti-Suyu, para que salgas a la conquista de nuestro enemigo. Recibe este yelmo, para que te portes con valor; y ya que te he libertado de la muerte me contarás en el número de los que te aman.
ORCCO-HUARANCCA.- ¡Postrado a tus pies, poderoso Inca, te adoro mil veces; aunque extraviado, ahora te he de auxiliar!
HUILLCA-UMA.- El poderoso Túpac-Yupanqui te hizo noble, concediéndote ese yelmo y esas flechas; así pues serás valiente como el joven tunqui.
RUMI-ÑAHUI.- ¿Habrá entonces dos Incas en el belicoso Anti-Suyu?
TÚPAC-YUPANQUI.- No, Rumi; no habrá dos: Orcco Huarancca gobernará a Anti-Suyu, y Ollanta se quedará en el Cuzco, ocupando el trono para que gobierne en vez del Inca, y así permanecerá siempre aquí.
OLLANTA.- ¡Oh Inca! ¡Enalteces demasiado a este hombre que nada es! ¡Vive mil años! ¿Qué habéis hallado en mí?
TÚPAC-YUPANQUI.- Saca, Huillca-Uma, la grande insignia real; ponle pronto la borla amarilla; dale el cetro y hele aquí representando al Inca. Ahora debo comunicarte mis órdenes: tú, Ollanta, permanecerás en mi lugar; pues yo marcho al Collao dentro de un mes; por eso lo he dispuesto así. Me iré lleno de complacencia, dejando a Ollanta sobre el trono.
OLLANTA.- Deseo partir contigo a cualquier parte que sea; pues sabes muy bien que soy varón diligente; supuesto que soy tu siervo, sin duda alguna he de ser el primero que marche en tu compañía.
TÚPAC-YUPANQUI.- Cásate de una vez; con eso estarás contento y descansarás tranquilo. Escoge la que quieras.
OLLANTA.- ¡Oh noble! Soy casado; mas he sido desgraciado.
TÚPAC-YUPANQUI.- Todavía no conozco a tu esposa. Preséntamela para venerarla. Nada me ocultes.
OLLANTA.- ¡En el Cuzco se ha perdido mi adorada paloma! En un solo día desapareció volando a otros lugares; la he buscado aquí y allá, preguntando a todos; pero ella se perdió, como si la tierra se la hubiera tragado. ¡Tal es mi situación!
TÚPAC-YUPANQUI.- No te entristezcas, Ollanta; aunque sea eso y mucho más: cumple con mis órdenes sin retroceder. Huillca-Uma, haz lo que te he dicho.
HUILLCA-UMA.- ¡Pueblo! Sabed que Ollanta representa al Inca y que gobierna en su lu-gar. ¡Salve, Inca Ollanta!
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Vosotros, acatadle!
RUMI-ÑAHUI.- Te felicito por tu ventura de que hagas las veces del noble Inca. Que todo Anti-Suyu se regocije y la comarca entera te sea propicia.
MUCHAS VOCES.- (Afuera.) ¡Atrás! ¡Atrás! ¡Fuera! ¡Fuera esa niña!
IMA-SÚMAC.- (Afuera.) Por lo que más améis, dejadme hablar; no me impidáis; mirad que he de morir en este momento.
TÚPAC-YUPANQUI.- (A un INDIO en la puerta.) ¿Quién llora afuera?
INDIO.- Una niña viene llorando y quiere hablar con el Inca.
TÚPAC-YUPANQUI.- Condúcela acá.
(Vase el INDIO.)

ESCENA VII

Sale IMA-SÚMAC.
IMA-SÚMAC.- ¿Cuál de vosotros es el Inca, para arrojarme a sus pies?
HUILLCA-UMA.- Él es nuestro Inca, bella niña; ¿por qué lloras?
IMA-SÚMAC.- ¡Inca mío! tú eres mi padre, perdona a tu hija. Favoréceme, pues eres hijo del Sol. Mi madre habrá muerto ya, presa en una cárcel de granito. Un feroz enemigo la confinó allí, para que muriera lentamente. Estará ya bañada en su sangre.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Quién es aquel tirano? ¡Ollanta! ¡Ollanta! ¡Levántate pronto! ¡Ve eso!
OLLANTA.- Vamos, niña, llévame presto. ¿Quién ha muerto a tu madre?
IMA-SÚMAC.- Tú no vayas; el Inca que la vea, pues él la conoce, mientras que tú, no. Inca, levántate pronto; no sea que encuentre a mi madre muerta; ya me parece ver su cadáver. Sí, obedéceme.
HUILLCA-UMA.- ¡Poderoso Inca! Pues hasta ti llegan sus tormentos, ¿quién osará impedir que seas su libertador?
OLLANTA.- ¿Dónde está tu madre cautiva?
IMA-SÚMAC.- En un rincón de aquella casa.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Vamos! ¡Vamos! Todos juntos; ya que hallándonos en medio de los placeres, esta niña ha venido a rasgar mi corazón.
IMA-SÚMAC.- (Señala la puerta.) ¡Padre mío! Aquí está mi madre. ¡Aquí! ¡Quién sabe si ya se encuentra muerta!
OLLANTA.- Me parece que te engañas: ésta es la casa de las princesas.
IMA-SÚMAC.- Mi paloma padece en esta casa diez años.
OLLANTA.- ¡Abrid aquella puerta! ¡El Inca viene!

ESCENA VIII

PITU-SALLA abre la puerta.
IMA-SÚMAC.- ¡Hermana mía Pitu-Salla! ¿Todavía vive mi madre? Entremos, que se abra esa puerta. +

(Señala la caverna.)

TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Qué puerta hay aquí?
IMA-SÚMAC.- Padre mío, ésta es la puerta. Pitu-Salla, ábrela que nuestro Inca está aquí.

(Ábrese la segunda puerta por la que sale, cerrándola, MAMA-CCACCA.)

MAMA-CCACCA.- ¿Es una realidad o un sueño, que vea al Inca en estos lugares?
TÚPAC-YUPANQUI.- Abre esta puerta.

(Ábrela MAMA-CCACCA y se ve a CUSI-CCOYLLUR.)

IMA-SÚMAC.- ¡Ay madre mía! Mi corazón me anuncia encontrarte muerta. He temido por momentos ver tu cadáver. Pitu-Salla, alcánzame mucha agua; procura que mi madre vuelva a vivir.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Qué caverna es aquélla en la roca? ¿Qué mujer es ésa? ¿Qué signi-fica todo esto? ¿Es una cadena de hierro que la aprisiona? ¿Qué tirano la ha cargado así? ¿Dónde estaba el corazón del Inca? ¿Había engendrado por ventura a un reptil? Mama-Ccacca ven acá. ¿Quién es aquella mujer que viene? ¡He aquí que se ha transformado en un espectro esa desgra-ciada!
MAMA-CCACCA.- Tu padre lo ha ordenado, queriendo sólo escarmentarla.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Sal de aquí, Mama-Ccacca! ¡Arrojad afuera a esa montañesa, a esa fiera y que nunca mis ojos la vuelvan a ver!

(Le obedecen, y sacan a CUSI-CCOYLLUR.)

CUSI-CCOYLLUR.- ¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ésos? ¡Hija mía, Ima-Súmac, ven acá palomita! ¿De dónde esa gente aquí?
IMA-SÚMAC.- Madre mía, no temas, aquí está nuestro Inca. El poderoso Yupanqui viene: habla, no duermas.
TÚPAC-YUPANQUI.- Mi corazón se desgarra, al presenciar tanto infortunio. Descansa, y dime después ¿quién eres? Dime, ¿cómo se llama tu madre?
IMA-SÚMAC.- ¡Padre mío! ¡Piadoso noble! Manda todavía que desaten a esa prisionera.
HUILLCA-UMA.- Yo debo desatar y auxiliar a esta infeliz.
OLLANTA.- ¿Cómo se llama tu madre?
IMA-SÚMAC.- Cusi-Ccoyllur es su nombre.
TÚPAC-YUPANQUI.- Me parece que te equivocas. Ella está en la sepultura, donde tendrá felicidad.
OLLANTA.- ¡Ay poderoso Inca Yupanqui! Esta niña es hija de mi esposa.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Todo me parece un sueño! ¡Esta felicidad hallada! ¿Esta mujer Cusi-Ccoyllur es mi hermana?... ¡Hermana mía! ¡Cusi-Ccoyllur, querida paloma, ven acá, abrá-zame y consuélame para que pueda vivir!
CUSI-CCOYLLUR.- Ya sabrás, hermano mío, los infinitos tormentos que padezco aquí, desde hace tantos años. Tú eres, pues, quien me ha de libertar de la muerte.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Quién eres, mujer, que tanto te angustias? ¿Quién te ha puesto aquí? ¿Qué crimen te ha arrastrado? Muy bien hubieras podido perder el juicio. ¿Tendré corazón para presenciar sufrimientos tan inexplicables? ¡Debiera morir con esta mujer, como si fuera la madre que la dio a luz! ¡Su rostro está marchito, su hermosa boca incognoscible: se acabó para siempre su beldad!
OLLANTA.- ¡Cusi-Ccoyllur, yo te perdí primero, mas ahora vives! Y tú eres su padre que le puedes quitar la vida; mas entonces arráncala a los dos juntos: ¡no me dejes que sobreviva! ¡Mi corazón entero está llagado! ¡Cusi-Ccoyllur! ¿Dónde está tu risueño semblante? ¿Dónde tus lin-dos ojos? ¿Dónde tu belleza? ¿Eres acaso una hija maldita?
CUSI-CCOYLLUR.- ¡Ollanta! ¡Ollanta! ¡Un veneno abrasador ha sido la causa que nos haya separado por espacio de diez años; mas ahora nos vuelve a unir, para que vivamos de nuevo! ¡Tú has de contar tantos años de goces y de pesares, cuantos el poderoso Inca viva, y con esta nueva vida, tu existencia se ha de prolongar!
HUILLCA-UMA.- Alcánzame ropa nueva para vestir a nuestra princesa.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Ollanta! ¡He aquí a tu esposa; desde hoy venérala. Y tú Ima-Súmac, ven a mi pecho: ven, hermosa paloma, a devanar esos ovillos. ¡Sí, tú eres la prole de Ccoyllur!
OLLANTA.- ¡Oh noble! ¡Tú eres nuestro amparo! ¡Tus manos apartan todo dolor! Tú eres nuestra sola y única ventura.
TÚPAC-YUPANQUI.- No te aflijas; vive contento con tu dicha, pues ya posees a tu esposa y te has libertado de la muerte.

(Tocan música de flauta y tambor.)

"POPOL VUH" (o "Libro del Indígena Quiché")

LIBRO SAGRADO DE LOS MAYAS

"POPOL VUH" (o "Libro del Indígena Quiché")

PREÁMBULO

Este es el principio de la antiguas historias de este lugar llamado Quiché. Aquí escribiremos y comenzaremos las antiguas historias, el principio y origen de todo lo que se hizo en la ciudad de Quiché, por las tribus de la nación quiché.

Y aquí traeremos la manifestación, la publicación y la narración de lo que estaba oculto, la revelación por Tzacol, Bitol, Alom, Qaholom, que se llaman Hunahpú-Vuch, Hunahpú-Utiú, Zaqui-Nimá-Tziís, Tepeu, Gucumatz, u Qux Cho, u Qux Paló, Ah Raxá Lac, Ah Raxá Tzel, así llamados. Y [al mismo tiempo] la declaración, la narración conjuntas de la Abuela y el Abuelo cuyos nombres son Ixpiyacoc e Ixmucané, amparadores y protectores, dos veces abuela, dos veces abuelo, así llamados en las historias quichés, cuando contaban todo lo que hicieron en el principio de la vida, el principio de la historia.

Esto lo escribiremos ya dentro de la ley de Dios, en el Cristianismo, lo sacaremos a luz, porque ya no se ve el Popo Vuh, así llamado, donde se veía claramente la venida del otro lado del mar, la narración de nuestra oscuridad, y se veía claramente la vida.

Existía el libro original, escrito antiguamente, pero su vista está oculta al investigador y al pensador. Grande era la descripción y el relato de cómo se acabó de formar todo el cielo y la tierra, cómo fue formado y repartido en cuatro partes, cómo fue señalado y el cielo fue medido y se trajo la cuerda de medir y fue extendida en el cielo y en la tierra, en los cuatro ángulos, en los cuatro rincones, como fue dicho por el Creador y el Formador, la madre y el padre de la vida, de todo lo creado, el que da la respiración y el pensamiento, la que da a luz a los hijos, el que vela por la felicidad de los pueblos, la felicidad del linaje humano, el sabio, el que medita en la bondad de todo lo que existe en el cielo, en la tierra, en los lagos y en el mar.

Notas de Henrry Williams y colaboración on-line Adrián Recinos:

Tzacol, Bitol, el Creador y el Formador

Alom, la diosa madre, la que concibe los hijos, de al, hijo, alán, dar a luz. Qaholom, el dios padre que engendra los hijos, de qahol, hijo del padre, qaholaj, engendrar. Madre y padre los llama Ximénez; son el Gran Padre y la Gran Madre, así llamados por los indios, según refiere Las Casas, y que estaban en el cielo.

Hunahpú-Vuch, un cazador vulpeja o tacuazín (Opposum), dios del amanecer; vuch es el momento que precede al amanecer. Hunahpú-Vuch, es la divinidad en potencia femenina, según Seler. Hunahpú-Utiú, un cazador coyote, variedad de lobo (Canis latrans), dios de la noche, en potencia masculina;

Zaqui-Nimá-Tziís, Gran pisote blanco (Nasua nasica) o coatí, encanecido por la edad, diosa madre; y su consorte Nim-Ac, Gran cerdo montés, o jabalí, ausente en este lugar por una omisión mecánica, pero invocado en el capítulo siguiente;

Tepeu, el rey o soberano, del náhualt Tepeuh, tepeuani, que Molina traduce por conquistador o vencedor en batalla; ah tepeual entre los mayas , quienes lo tomaron igualmente de los mexicanos. Gucumatz, serpiente cubierta de plumas verdes, de guc, en maya, kuk, plumas verdes, quetzal por antonomasia, y cumatz, serpiente; es la versión quiché de Kukulkán, el nombre maya de Quetzalcóatl, el rey tolteca, conquistador, civilizador y dios de Yucatán durante el período del Nuevo Imperio Maya. El fuerte colorido mexicano de la religión de los quichés se refleja en esta pareja creadora que continúa siendo evocada a través del libro hasta que la divinidad toma forma corporal en Tohil, a quien en la Tercera Parte se identifica expresamente con Quetzalcóatl;

U Qux Cho, el corazón o el espíritu de la laguna. U Qux Paló, el corazón o el espíritu del mar. Ya se verá que a la divinidad la llamaban también el Corazón del Cielo, u Qux Cah;

Ah Raxá Lac, el Señor del verde plato, o sea la tierra; Ah Raxá Tzel, el Señor de la jícara verde o del cajete azul, como dice Ximénez, o sea el cielo.

El nombre Hunahpú ha sido objeto de muchas interpretaciones. Literalmente significa un cazador con cerbatana, un tirador; etimológicamente es eso mismo y es vocablo de la lengua maya, ahpú en maya es cazador, y ah ppuh ob, forma de plural, son los monteros que van a la caza, según el Diccionario de Motul. Es evidente, sin embargo, que los quichés debían tener alguna razón más plausible que esta etimología para dar ese nombre a la divinidad. El cazador en los tiempos primitivos era un personaje muy importante; el pueblo vivía de la caza y de los frutos espontáneos de la tierra antes de la invención de la agricultura. Hunahpú sería, en consecuencia, el cazador universal, que proveía al hombre de su sustento; hun tiene también en maya la acepción de general y universal. Pero posiblemente los quichés que descendían directamente de los mayas, quisieron reproducir en el nombre Hunahpú el sonido de la palabra maya Hunab Ku, "el único dios", que servían para designar al dios principal del panteón maya, que no podía representarse materialmente, por ser incorpóreo. La pintura de un cazador podría haber servido en los tiempos antiguos para representar el fonema Hunab Ku que encerraba una idea abstracta, la de un ser espiritual y divino. El procedimiento es común en la escritura pictográfica precolombina. Hunahpú es también el nombre del vigésimo día del calendario quiché, el día más venerado de los antiguos, equivalente al maya Ahau, señor o jefe, y al náhualt Xóchitl, flor y sol, símbolo del dios sol o Tonatiuh.

Ixpiyaco e Ixmucané, el viejo y la vieja (en maya ixnuc es vieja), equivalentes de los dioses mexicanos Cipactonal y Oxomoco, los sabios que según la leyenda tolteca inventaron la astrología judiciaria y compusieron la cuenta de los tiempos, o sea el calendario.

Primera Parte

Capítulo Primero

Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.

Esta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.

No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión.

No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.

Solamente había inmovilidad y silencio en la obscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz. De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios. Así contaban.

Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la obscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento.

Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre.

Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán.

El primero se llama Caculhá-Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxá-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo.

Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento.

-- ¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe [el espacio], que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.

Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra: -- ¡Tierra! -- dijeron, y al instante fue hecha.

Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montanas; y al instante crecieron las montañas.

Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.

Y así se llenó de alegría Gucumatz, diciendo : -- ¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chipi-Caculhá, Raxá-Caculhá!

-- Nuestra obra, nuestra creación será terminada -- contestaron.

Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.

Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua.

De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.

Capítulo II

Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres, serpientes, culebras, cantiles [víboras], guardianes de los bejucos.

Y dijeron los Progenitores: -- ¿Sólo silencio e inmovilidad habrá bajo los árboles y los bejucos? Conviene que en lo sucesivo haya quien los guarde.

Asi dijeron cuando meditaron y hablaron en seguida. Al punto fueron creados los venados y las aves. En seguida les repartieron sus moradas a los venados y a las aves.

-- Tú, venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos. Aquí estarás entre la maleza, entre las hierbas; en el bosque os multiplicaréis, en cuatro pies andaréis y os sostendréis-- . Y así como se dijo, se hizo.

Luego designaron también su morada a los pájaros pequeños y a las aves mayores:

-- Vosotros, pájaros, habitaréis sobre los árboles y los bejucos, allí haréis vuestros nidos, allí os multiplicaréis, allí os sacudiréis en las ramas de los árboles y de los bejucos --. Así les fue dicho a los venados y a los pájaros para que hicieran lo que debían hacer, y todos tomaron sus habitaciones y sus nidos.

De esta manera los Progenitores les dieron sus habitaciones a los animales de la tierra. Y estando terminada la creación de todos los cuadrúpedos y las aves, les fue dicho a los cuadrúpedos y pájaros por el Creador y el Formador y los Progenitores:

-- Hablad, gritad, gorjead, llamad, hablad cada uno según vuestra especie, según la variedad de cada uno -- . Así les fue dicho a los venados, los pájaros, leones, tigres y serpientes.

-- Decid, pues, vuestros nombres, alabadnos a nosotros, vuestra madre, vuestro padre. ¡Invocad, pues, a Huracán, Chipi-Calculhá, Raxa-Calculhá, el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, el Creador, el Formador, los Progenitores; hablad, invocadnos, adoradnos! -- les dijeron.

Pero no se pudo conseguir que hablaran como los hombres; sólo chillaban, cacareaban y gramaban; no se manifestó la forma de su lenguaje, y cada uno gritaba de manera diferente.

Cuando el Creador y el Formador vieron que no era posible que hablaran, se dijeron entre sí : -- No ha sido posible que ellos digan nuestro nombre, el de nosotros, sus creadores y formadores. Esto no está bien --, dijeron entre sí los Progenitores.

Entonces se les dijo : -- Seréis cambiados porque no se ha conseguido que habléis. Hemos cambiado de parecer : vuestro alimento, vuestra pastura, vuestra habitación y vuestros nidos los tendréis, serán los barrancos y los bosques, porque no se ha podido lograr que nos adoréis ni nos invoquéis. Todavía hay quienes nos adoren, haremos otros [seres] que sean obedientes. Vosotros aceptad vuestro destino: vuestras carnes serán trituradas. Así será. Esta será vuestra suerte--. Así dijeron cuando hicieron saber su voluntad a los animales pequenos y grandes que hay sobre la faz de la tierra.

Luego quisieron probar suerte nuevamente; quisieron hacer otra tentativa y quisieron probar de nuevo a que los adoraran.

Pero no pudieron entender su lenguaje entre ellos mismos, nada pudieron conseguir y nada pudieron hacer. Por esta razón fueron inmoladas sus carnes y fueron condenados a ser comidos y matados los animales que existen sobre la faz de la tierra.

Así, pues, hubo que hacer una nueva tentativa de crear y formar al hombre por el Creador, el Formador y los Progenitores.

-- ¡A probar otra vez! Ya se acercan el amanecer y la aurora; hagamos al que nos sustentará y alimentará! ¿Cómo haremos para ser invocados, para ser recordados sobre la tierra? Ya hemos probado con nuestras primeras obras, nuestras primeras criaturas; pero no se pudo lograr que fuésemos alabados y venerados por ellos. Probemos ahora a hacer unos seres obedientes, respetuosos, que nos sustenten y alimenten -- . Así dijeron.

Entonces fue la creación y la formación. De tierra, de lodo hicieron la carne [del hombre]. Pero vieron que no estaba bien, porque se deshacía, estaba blando, no tenía movimiento, no tenía fuerza, se caía, estaba aguado, no movía la cabeza, la cara se le iba para un lado, tenía velada la vista, no podía ver hacia atrás. Al principio hablaba, pero no tenía entendimiento. Rápidamente se humedeció dentro del agua y no se pudo sostener.

Y dijeron el Creador y el Formador: -- Bien se ve que no podía andar ni multiplicarse. Que se haga una consulta acerca de esto, dijeron.

Entonces desbarataron y deshicieron su obra y su creación. Y en seguida dijeron: -- ¿Cómo haremos para perfeccionar, para que salgan bien nuestros adoradores, nuestros invocadores?-- Así dijeron cuando de nuevo consultaron entre sí.

-- Digámosles a Ixpiyacoc, Ixmucané, Hunahpú-Vuch, Hunahpú-Utiú : ¡Probad suerte otra vez! ¡Probad a hacer la creación! -- Así dijeron entre sí el Creador y el Formador cuando hablaron a Ixpiyacoc e Ixmucané.

En seguida les hablaron a aquellos adivinos, la abuela del día, la abuela del alba, que así eran llamados por el Creador y el Formador, y cuyos nombres eran Ixpiyacoc e Ixmucané.

Y dijeron Huracán, Tepeu y Gucumatz cuando le hablaron al agorero, al formador, que son los adivinos: -- Hay que reunirse y encontrar los medios para que el hombre que vamos a crear nos sostenga y alimente, nos invoque y se acuerde de nosotros.

-- Entrad, pues, en consulta, abuela, abuelo, nuestra abuela, nuestro abuelo, Ixpiyacoc, Ixmucané, haced que aclare, que amanezca, que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos recordados por el hombre creado, por el hombre formado, por el hombre mortal, haced que así se haga.

-- Dad a conocer vuestra naturaleza, Hunaphú-Vuch, Hunahpú-Utiú, dos veces madre, dos veces padre, Nim-Ac, Nimá-Tziís, el Señor de la esmeralda, el joyero, el escultor, el tallador, el Señor de los hermosos platos, el Señor de la verde jícara, el maestro de la resina, el maestro Toltecat, la abuela del sol, la abuela del alba, que así seréis llamados por nuestras obras y nuestras criaturas.

-- Echad la suerte con vuestros granos de maíz y de tzité. Hágase así y se sabrá y resultará si labraremos o tallaremos su boca y sus ojos en madera--. Así les fue dicho a los adivinos.

A continuación vino la adivinación, la echada de la suerte con el maíz y el tzité. ¡Suerte! ¡Criatura!, les dijeron entonces una vieja y un viejo. Y este viejo era el de las suertes del tzité, el llamado Ixpiyacoc. Y la vieja era la adivina, la formadora, que se llamaba Chiracán Ixmucané.

Y comenzando la adivinación, dijeron así: -- ¡Juntaos, acoplaos! ¡Hablad, que os oigamos, decid, declarad si conviene que se junte la madera y que sea labrada por el Creador y el Formador, y si éste [el hombre de madera] es el que nos ha de sustentar y alimentar cuando aclare, cuando amanezca!

Tú, maíz; tú, tzité; tú, suerte; tú, criatura; ¡uníos, ayuntaos! les dijeron al maíz, al tzité, a la suerte, a la criatura. ¡Ven a sacrificar aquí, Corazón del Cielo; no castiguéis a Tepeu y Gucumatz!

Entonces hablaron y dijeron la verdad : -- Buenos saldrán vuestros muñecos hechos de madera; hablarán y conversarán vuestros muñecos hechos de madera, hablarán y conversarán sobre la faz de la tierra.

-- ¡Así sea! -- contestaron, cuando hablaron.

Y al instante fueron hechos los muñecos labrados en madera. Se parecían al hombre, hablaban como el hombre y poblaron la superficie de la tierra.

Existieron y se multiplicaron; tuvieron hijas, tuvieron hijos los muñecos de palo; pero no tenían alma, ni entendimiento, no se acordaban de su Creador, de su Formador; caminaban sin rumbo y andaban a gatas.

Ya no se acordaban del Corazón del Cielo y por eso cayeron en desgracia. Fue solamente un ensayo, un intento de hacer hombres. Hablaban al principio, pero su cara estaba enjuta; sus pies y sus manos no tenían consistencia; no tenían sangre, ni substancia, ni humedad, ni gordura; sus mejillas estaban secas, secos sus pies y sus manos, y amarillas sus carnes. Por esta razón ya no pensaban en el Creador ni en el Formador, en los que les daban el ser y cuidaban de ellos.

Estos fueron los primeros hombres que en gran número existieron sobre la faz de la tierra.

Capítulo III

En seguida fueron aniquilados, destruidos y deshechos los muñecos de palo, recibieron la muerte.

Una inundación fue producida por el Corazón del Cielo; un gran diluvio se formó, que cayó sobre las cabezas de los muñecos de palo.

De tzité se hizo la carne del hombre, pero cuando la mujer fue labrada por el Creador y el Formador, se hizo de espadaña la carne de la mujer. Estos materiales quisieron el Creador y el Formador que entraran en su composición.

Pero no pensaban, no hablaban con su Creador, su Formador, que los habían hecho, que los habían creado. Y por esta razón fueron muertos, fueron anegados. Una resina abundante vino del cielo. El llamado Xecotcovach llegó y les vació los ojos; Camalotz vino a cortarles la cabeza; y vino Cotzbalam y les devoró las carnes. El Tucumbalam llegó también y les quebró y magulló los huesos y los nervios, les molió y desmoronó los huesos.

Y esto fue para castigarlos porque no habían pensado en su madre, ni en su padre, el Corazón del Cielo, llamado Huracán. Y por este motivo se obscureció la faz de la tierra y comenzó una lluvia negra, una lluvia de día, una lluvia de noche.

Llegaron entonces los animales pequenos, los animales grandes, y los palos y las piedras les golpearon las caras. Y se pusieron todos a hablar; sus tinajas, sus comales, sus platos, sus ollas, sus perros, sus piedras de moler, todos se levantaron y les golpearon las caras.

-- Mucho mal nos hacíais; nos comíais, y nosotros ahora os morderemos -- les dijeron sus perros y sus aves de corral.

Y las piedras de moler: -- Eramos atormentadas por vosotros; cada día, cada día, de noche, al amanecer, todo el tiempo hacían holi, holi, huqui, huqui nuestras caras, a causa de vosotros. Este era el tributo que os pagábamos. Pero ahora que habéis dejado de ser hombres probaréis nuestras fuerzas. Moleremos y reduciremos a polvo vuestras carnes, les dijeron sus piedras de moler.

Y he aquí que sus perros hablaron y les dijeron : -- ¿Por qué no nos dabais nuestra comida? Apenas estábamos mirando y ya nos arrojabais de vuestro lado y nos echabais fuera. Siempre teníais listo un palo para pegarnos mientras comíais.

Así era como nos tratabais. Nosotros no podíamos hablar. Quizás no os diéramos muerte ahora; pero ¿por qué no reflexionabais, por qué no pensabais en vosotros mismos? Ahora nosotros os destruiremos, ahora probaréis vosotros los dientes que hay en nuestra boca: os devoraremos, dijeron los perros, y luego les destrozaron las caras.

Y a su vez sus comales, sus ollas les hablaron así : -- Dolor y sufrimiento nos causabais. Nuestra boca y nuestras caras estaban tiznadas, siempre estábamos puestos sobre el fuego y nos quemabais como si no sintiéramos dolor. Ahora probaréis vosotros, os quemaremos -- dijeron sus ollas, y todos les destrozaron las caras. Las piedras del hogar que estaban amontonadas, se arrojaron directamente desde el fuego contra sus cabezas causándoles dolor.

Desesperados corrían de un lado para otro; querían subirse sobre las casas y las casas se caían y los arrojaban al suelo; querían subirse sobre los árboles y los árboles los lanzaban a lo lejos; querían entrar a las cavernas y las cavernas se cerraban ante ellos.

Así fue la ruina de los hombres que habían sido creados y formados, de los hombres hechos para ser destruidos y aniquilados: a todos les fueron destrozadas las bocas y las caras.

Y dicen que la descendencia de aquellos son los monos que existen ahora en los bosques; éstos son la muestra de aquellos, porque sólo de palo fue hecha su carne por el Creador y el Formador.

Y por esta razón el mono se parece al hombre, es la muestra de una generación de hombres creados, de hombres formados que eran solamente muñecos y hechos solamente de madera.

Segunda Parte

Capítulo X

(...)

Dijo entonces Ixbalamqué a Hunahpú: -¿Comenzará ya a amanecer? mira tú.

-Tal vez sí, voy a ver, contestó éste.

Y como tenía muchas ganas de ver afuera de la boca de la cerbatana y quería ver si había amanecido, al instante le cortó la cabeza Camazotz y el cuerpo de Hunahpú quedó decapitado.

Nuevamente preguntó lxbalanqué: -¿No ha amanecido todavía? Pero Hunahpú no se movía. -¿A dónde ha ido Hunahpú? ¿Qué es lo que has hecho? Pero no se movía, y permanecía callado.

Entonces se sintió avergonzado lxbalanqué y exclamó: -¡Desgraciados de nosotros! Estamos completamente vencidos.

Fueron en seguida a colgar la cabeza sobre el juego de pelota por orden expresa de Hun-Camé y Vucub-Camé, y todos los de Xibalba se regocijaron por lo que le había sucedido a la cabeza de Hunahpú.

Capítulo XI

En seguida llamó lxbalanqué a todos los animales, al pisote, al jabalí, a todos los animales pequeños y grandes, durante la noche, y a la madrugada les preguntó cuál era su comida.

-¿Cuál es la comida de cada uno de vosotros? pues yo os he llamado para que escojáis vuestra comida, les dijo lxbalanqué.

-Muy bien, contestaron. Y en seguida se fueron a tomar cada uno lo suyo, y se marcharon todos juntos. Unos fueron a tomar las cosas podridas; otros fueron a coger hierbas; otros fueron a recoger piedras. Otros fueron a recoger tierra. Variadas eran las comidas de los animales pequeños y de los animales grandes.

Detrás de ellos se había quedado la tortuga, la cual llegó contoneándose a tomar su comida. Y llegando al extremo del cuerpo tomó la forma de la cabeza de Hunahpú, y al instante le fueron labrados los ojos.

Muchos sabios vinieron entonces del cielo. El Corazón del Cielo, Huracán, vinieron a cernerse sobre la Casa de los Murciélagos.

Y no fue fácil acabar de hacerle la cara, pero salió muy buena; la cabellera también tenía una hermosa apariencia, y asimismo pudo hablar.

Pero como ya quería amanecer y el horizonte se teñía de rojo. --oscurece de nuevo, viejo!, le fue dicho al zopilote.

-Está bien, contestó el viejo, y al instante oscureció el viejo. "Ya oscureció el zopilote", dice ahora la gente.

Y así, durante la frescura del amanecer, comenzó su existencia.

-¿Estará bien?, dijeron. ¿Saldrá parecido a Hunahpú?

-Está muy bien, contestaron. Y efectivamente, parecía de hueso la cabeza, se había transformado en una cabeza verdadera.

Luego hablaron entre sí y se pusieron de acuerdo:

-No juegues tú a la pelota; haz únicamente como que juegas yo sólo lo haré todo, le dijo Ixbalanqué.

En seguida le dio sus órdenes a un conejo:

-Anda a colocarte sobre el juego de pelota, quédate allí entre el encinal, le fue dicho al conejo cuando se le dieron estas instrucciones durante la noche.

En seguida amaneció y los dos muchachos estaban buenos y sanos. Luego bajaron a jugar a la pelota. La cabeza de Hunahpú estaba colgada sobre el juego de pelota.

-¡Hemos triunfado! ¡Habéis labrado vuestra propia ruina; ¡os habéis entregado! les decían. De esta manera provocaban a Hunahpú.

-Pégale a la cabeza con la pelota, le decían. Pero no lo molestaban con esto, él no se daba por entendido.

Luego arrojaron la pelota los Señores de Xibalba. lxbalanqué le salió al encuentro; la pelota iba derecho al anillo, pero se detuvo, rebotando, pasó rápidamente por encima del juego de pelota y de un salto se dirigió hasta el encinal.

El conejo salió al instante y se fue saltando; y los de Xibalba corrían persiguiéndolo. Iban haciendo ruido y gritando tras el conejo. Acabaron por irse todos los de Xibalba.

En seguida se apoderó Ixbalanqué de la cabeza de Hunahpú; se llevó de nuevo la tortuga y fue a colocarla sobre el juego de pelota. Y aquella cabeza era verdaderamente la cabeza de Hunahpú y los dos muchachos se pusieron muy contentos.

Fueron, pues, los de Xibalba a buscar la pelota y habiéndola encontrado entre las encinas, los llamaron, diciendo:

-Venid acá. Aquí está la pelota, nosotros la encontramos, dijeron, y la tenían colgando.

Cuando regresaron los de Xibalba exclamaron. -¿Qué es lo que vemos?

Luego comenzaron nuevamente a jugar. Tantos iguales hicieron por ambas partes.

En seguida lxbalanqué le lanzó una piedra a la tortuga; ésta se vino al suelo y cayó en el patio del juego de pelota hecha mil pedazos como pepitas, delante de los Señores.

-¿Quién de vosotros irá a buscarla? ¿Dónde está el que irá a traerla? dijeron los de Xibalba.

Y así fueron vencidos los señores de Xibalba por Hunahpú e Ixbalanqué. Grandes trabajos pasaron éstos, pero no murieron, a pesar de todo lo que les hicieron.

Tercera Parte

Capítulo I

He aquí, pues, el principio de cuando se dispuso hacer al hombre, y cuando se buscó lo que debía entrar en la carne del hombre.

Y dijeron los Progenitores, los Creadores y Formadores, que se llaman Tepeu y Gucumatz: "Ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra y que aparezcan los que nos han de sustentar, y nutrir, los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados; que aparezca el hombre, la humanidad, sobre la superficie de la tierra." Así dijeron.

Se juntaron, llegaron y celebraron consejo en la oscuridad y en la noche; luego buscaron y discutieron, y aquí reflexionaron y pensaron. De esta manera salieron a luz claramente sus decisiones y encontraron y descubrieron lo que debía entrar en la carne del hombre.

Poco faltaba para que el sol, la luna y las estrellas aparecieran sobre los Creadores y Formadores.

De Paxil, de Cayalá, así llamados, vinieron las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas.

Estos son los nombres de los animales que trajeron la comida: Yac [el gato de monte], Utiú [el coyote], Quel [una cotorra vulgarmente llamada chocoyo] y Hoh [el cuervo]. Estos cuatro animales les dieron la noticia de las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, les dijeron que fueran a Paxil y les enseñaron el camino de Paxil.

Y así encontraron la comida y ésta fue la que entró en la carne del hombre creado, del hombre formado; ésta fue su sangre, de ésta se hizo la sangre del hombre. Así entró el maíz [en la formación del hombre] por obra de los Progenitores.

Y de esta manera se llenaron de alegría, porque habían descubierto una hermosa tierra, llena de deleites, abundante en mazorcas amarillas y mazorcas blancas y abundante también en pataxte y cacao, y en innumerables zapotes, anonas, jocotes, nances, matasanos y miel. Abundancia de sabrosos alimentos había en aquel pueblo llamado de Paxil y Cayalá.

Había alimentos de todas clases, alimentos pequeños y grandes, plantas pequeñas y plantas grandes. Los animales enseñaron el camino. Y moliendo entonces las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, hizo Ixmucané nueve bebidas, y de este alimento provinieron la fuerza y la gordura y con él crearon los músculos y el vigor del hombre. Esto hicieron los Progenitores, Tepeu y Gucumatz, así llamados.

A continuación entraron en pláticas acerca de la creación y la formación de nuestra primera madre y padre. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados.

Capítulo II

Estos son los nombres de los primeros hombres que fueron creados y formados: el primer hombre fue Balam-Quitzé, el segundo Balam-Acab, el tercero Mahucutah y el cuarto Iqui-Balam.

Estos son los nombres de nuestras primeras madres y padres.

Se dice que ellos sólo fueron hechos y formados, no tuvieron madre, no tuvieron padre. Solamente se les llamaba varones. No nacieron de mujer, ni fueron engendrados por el Creador y el Formador, por los progenitores. Sólo por un prodigio, por obra de encantarniento fueron creados y formados por el Creador, el Formador, los Progenitores, Tepeu y Gucumatz. Y como tenían la apariencia de hombres, hombres fueron; hablaron, conversaron, vieron y oyeron, anduvieron, agarraban las cosas; eran hombres buenos y hermosos y su figura era figura de varón.

Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se extendió su vista, alcanzaron a ver, alcanzaron a conocer todo lo que hay en el mundo. Cuando miraban, al instante veían a su alrededor y contemplaban en torno a ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra. Las cosas ocultas [por la distancia] las veían todas, sin tener primero que moverse; en seguida veían el mundo y asimismo desde el lugar donde estaban lo veían.

Grande era su sabiduría; su vista llegaba hasta los bosques, las rocas, los lagos, los mares, las montañas y los valles. En verdad eran hombres admirables Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam.

Entonces les preguntaron el Creador y el Formador : -- ¿Que pensáis de vuestro estado? ¿No miráis. ¿No oís? ¿No son buenos vuestro lenguaje y vuestra manera de andar? ¡Mirad, pues! ¡Contemplad el mundo, ved si aparecen las montañas y los valles! ¡Probad, pues, a ver!, les dijeron.

Y en seguida acabaron de ver cuanto había en el mundo. Luego dieron las gracias al Creador y al Formador : -- ¡En verdad os damos gracias dos y tres veces! Hemos sido creados, se nos ha dado una boca y una cara, hablamos, oímos, pensamos y andamos; sentimos perfectamente y conocemos lo que está lejos y lo que está cerca. Vemos también lo grande y lo pequeño en el cielo y en la tierra. Os damos gracias, pues, por habernos creado, ¡oh Creador y Formador!, por habernos dado el ser, ¡oh abuela nuestra! ¡Oh nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y formación.

Acabaron de conocerlo todo y examinaron los cuatro rincones y los cuatro puntos de la bóveda del cielo y de la faz de la tierra.

Pero el Creador y el Formador no oyeron esto con gusto. -- No está bien lo que dicen nuestras criaturas, nuestras obras; todo lo saben, lo grande y lo pequeño --dijeron. Y así celebraron consejo nuevamente los Progenitores : -- ¿Qué haremos ahora con ellos? ¡Que su vista sólo alcance a lo que está cerca, que sólo vean un poco de la faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso no son por su naturaleza simples criaturas y hechuras [nuestras]? ¿Han de ser ellos también dioses? ¿Y si no procrean y se multiplican cuando amanezca, cuando salga el sol? ¿Y si no se propagan? -- Así dijeron.

-- Refrenemos un poco sus deseos, pues no está bien lo que vemos. ¿Por ventura se han de igualar ellos a nosotros, sus autores, que podemos abarcar grandes distancias, que lo sabemos y vemos todo?

Esto dijeron el Corazón del Cielo, Huracán, Chipi-Caculhá, Raxá-Caculhá, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, Ixpiyacoc, Ixmucané, el Creador y el Formador. Así hablaron y en seguida cambiaron la naturaleza de sus obras, de sus criaturas.

Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto era claro para ellos.

Así fue destruida su sabiduría y todos los conocimientos de los cuatro hombres, origen y principio [de la raza quiché].

Así fueron creados y formados nuestros abuelos, nuestros padres, por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra.